lunes, 20 de febrero de 2017

¿Quién busca la esencia de su verdad?




¿Quién busca la esencia de su verdad?,
¿acaso el que ansía atrapar la luna?
Siempre el dolor malvive en soledad,
¡por eso soy dueño de mi locura!...
Rendíos a mí, ¡oh versos temibles!
¡Poblad el desierto de mi conciencia!
Decidle a la muerte si Dios existe,
que remo a sotavento en su presencia...
Y añado un juramento inacabado
cual bálsamo a mi arenga exacerbada...
¡Proclamo mis confines conquistados!
Soldado del verbo soy en batalla.
Combato al fracaso: ¡siempre lo espero!
Mis ínfulas mueren y desespero...



Josian Pastor




domingo, 19 de febrero de 2017

Semana dedicada a Josian Pastor
















Detrás de las curvas del otoño




Detrás de las curvas del otoño

-entre las sabinas-, me acorrala la bruma

de un país en extinción. Digo. Espero.

resucito en la maleza. Es la memoria

imparable, frente a rótulos de calles, que olvidaré

Ipso facto.

Los extraños con paraguas

toman las calles.

Raídas de civilización

y musgos fosforescentes.

En ese tránsito

inútil, que le sobrevive al día

para seguir siendo uno más.

Gotea un pulso de horas. Impunes,

en su matanza de sueños

irrecuperables. Y es un alivio tu nombre

junto a mío, en la pared. Al menos,

nadie ha venido aún, a sacarnos

de este centímetro cuadrado de la avenida.



Maribel Hernández



sábado, 18 de febrero de 2017

Después de todo, los espejos siempre duelen




Después de todo, los espejos siempre duelen.

A deshoras, descontextualizados,

irreverentes. Y duelen más si es de noche

y duermes, y nos alcanza esta niebla,

casi sólida, hasta los huesos.

Esa niebla crujidora y vegetal,

que nos trajo hasta estas horas.

Estas horas que hoy son ramas,

en nuestras fauces dolientes de animales domésticos.




Maribel Hernández




viernes, 17 de febrero de 2017

Mírate aquí, ahora




Mírate aquí, ahora,

en este espejo de lluvia

sobre el camino desollado.

A solas los dos, contra las horas.

Goteando yo de ti o tú de mí,

una febrícula hirviente de nostalgia.

Mírate aquí, ahora,

de pie contra esta manilla de reloj,

que nos sortea la muerte

en cada pausa.

Mantenerse inmóvil,

sí, lo más arriesgado.

Lo sabes de sobra ahora que es tarde

y nos atraviesa, justo aquí, la vida.



Maribel Hernández



jueves, 16 de febrero de 2017

Caótica



Caótica.

La melancolía.

Sustrato de brazos asidos

a la cintura de una niebla,

con silueta de mujer

desnuda. Devorada por la lluvia,

la explanada donde crezco

con un puñado de arena

en cada mano, surca

una tierra cercada por pájaros

azules. A pocos palmos del suelo

relamo en mi cuerpo la herida de soñar

despierta,

y sigo.



Maribel Hernández



miércoles, 15 de febrero de 2017

La leche se eterniza




La leche se eterniza

sobre el fuego. El cigarrillo, interpuesto,

petrificado contra el alférez de latón

verde, sugiere una huída improvisada.

Mi lengua espera pegada a la letra

como un chicle. Anochece.

Nada es extraordinario.

Aquí todo esta infectado

de mis ojos

que no advierten ya paisaje

en el paisaje.



Maribel Hernández



martes, 14 de febrero de 2017

La luz apunta el declive de las horas más tenues




La luz apunta el declive de las horas más tenues,

Irreconocibles, en tu pupila

estupefacta.

La noche

arroja su ceniza de mariposa muerta

contra el metal doblegado de los días.

Hoy es terrible el silencio, que gotea

exactitudes, desde un punto cierto

en mi memoria.

Tus ojos inmovilizados, detienen mis ojos

en ti, contra el espejo,

como dos instantáneas.



Maribel Hernández




lunes, 13 de febrero de 2017

Estoy cortada por la mitad



Estoy cortada por la mitad,

de este a oeste.

En un repartirme sin éxito

entre cosas cotidianas,

a cambio de un corazón,

en modo estándar.


Me disuade el día,

con el rugido indiscriminado

de la luz,

huyéndole de un zarpazo

al horizonte.

Siempre en rojo. Adormecido.

Doméstico.

Idéntica a mi, una huella

-tierna todavía-

contra el camino subyacente,

elige la intemperie.

Y no sucumbe al vértigo

de mirarse,

en la profundidad de los charcos.



Maribel Hernández



domingo, 12 de febrero de 2017

Semana dedicada a Maribel Hernández














Empieza con miedo



Empieza
con
miedo
miedo al sexo
miedo ala muerte
el miedo a estar solo
el miedo a estar acompañado
Excéntricos intentos
de mover su centro
para entrar
en otros
y allí
en
la
crueldad
el asesinato
la orgia
el sacrificio
la necesidad
la pena
la pobreza
la ceguera
la estupidez
Miedo a estar solo
solo con su pasado
Tengo miedo
al movimiento
al espacio
al conflicto
al caos
al desconcierto
Miedo al sexo
a perder
a ser humillado y amado
Miedo
al vacío
a los recuerdos
a la muerte
Es demasiado
Es imposible
Es la totalidad
Tengo miedo
del amor
de ser poseído
de odiar
Tengo miedo
por las caricias
un beso.



Chebazan Sancho



sábado, 11 de febrero de 2017

solo





solo

tacto

libres

sin red

atrévete

salta

al vacío

y

abandonamos

el

cuerpo.

Todo espasmo sin red libres tacto y aire.

A mí me gusta la libertad,

viajes rodeando el horizonte andar casi volando leve abierto al horizonte.



Chebazan Sancho



viernes, 10 de febrero de 2017

pájaros blancos



pájaros blancos

parecen relámpago en el cielo negro

pájaros negros

rumian en paz

brillan tanto....

Pero ¿cuántos océanos avanzan a través de mí?

Un cuerpo en la hierba, permanecer quieto, con los ojos incrustados en el cielo. El silencio se corta en la mañana recogiendo las voces y la incineración de los recuerdos.

Pero ¿cuántos océanos avanzan a través de mí?

El mundo está en silencio ante la perplejidad infinita. En la mente una paradoja intrigante; por un lado el hecho de que somos tan pequeños e insignificantes ante la inmensidad infinita. Por otro lado, seres esenciales e irreemplazables de nuestra propia existencia.

La sensación de caer en un auspicioso espacio e incluso, tiempo de vuelo libre. La vida y la muerte, se suspenden de un hilo. Un cuerpo en la hierba, permanecer quieto, con los ojos en el cielo, olvídese de la tormenta que viene.

Pero ¿cuántos océanos avanzan a través de mí?

Hay un universo tácito dentro de mí, ¿porque puedo sentir cada átomo de mi disipación? puestos todos mis pedazos en el suelo.

Sus marcas de la barandilla y el olor que impregna en los pasillos de mí cuerpo.

Son cosas que con el tiempo desaparecen.

Pero el amor no desaparece.

Porque es entrega.

Pero nunca se sabrá porque no se puede ver lo que hay más allá de mis aguas turbulentas. Mí soledad no es el más grande que el mundo.

Pero ¿cuántos océanos avanzan a través de mí?

Soy tu olor favorito

Soy tu libro en el estante

A la espera de ese momento

Para ser recogido y disfrutado.

Estoy seguro de que soy

su paradoja.

Estoy seguro de que soy

la capacidad de recuperación cuando todo parece caer.

E incluso después de las caídas

la capacidad de levantarse

cada otoño para saltar mucho más alto.

Pero ¿cuántos océanos avanzan a través de mí?



Chebazan Sancho



jueves, 9 de febrero de 2017

qué tiene el silencio




qué tiene el silencio

estoy solo

muy solo

confundido

el sauce

deja su fragancia

quieto como el

agua sin ruido

abre al amanecer

Hay días huecos

sin horas sin minutos

Que haces aquí

Escuchar el oboe maduro

Escuchar el oboe tenue

Soledad abre grilletes

como una flor que suspira

descorre las aldabas de tu cárcel

deja escapar al hombre solitario

deja partir, que vive en tu entresueño

Abre gallardamente tus compuertas

Ábrete sexo, a este copo de mieles.



Chebazan Sancho



miércoles, 8 de febrero de 2017

Yo vivo dentro de mí




Yo vivo dentro de mí,

pero cuando siento el pulso de la poesía

que se instala en las venas.

De acuerdo a la realidad,

sangro con ella.



Chebazan Sancho




martes, 7 de febrero de 2017

Echo de menos el tiempo que no vivía




Echo de menos el tiempo que no vivía

De las personas que nunca han visto

Los sentimientos que he sentido.

Echo de menos el niño que nunca fue

Un mundo que no evoluciona

Un amor que nunca se desvanece.

Echo de menos las conversaciones que he tenido

Un corazón libre

Paz en medio de la crisis.

Son palabras lanzadas al viento

Pensamientos ocultos en el tiempo

Alguien que no sabe quién es.



Chebazan Sancho



lunes, 6 de febrero de 2017

Cárdena boca que fue mía



Cárdena boca que fue mía

captura los rayos del sol.

Entre las perlas de las heladas.



Chebazan Sancho




domingo, 5 de febrero de 2017

Semana dedicada a Chebazan Sancho












Fiebre de otoño



Esta fiebre amarilla del otoño

y esta lenta agonía

de la tarde,

despabilan mi voz adormecida

agolpando en el filo de un instante

un tiempo sumergido

en la añoranza.


Soy solo la mitad de un desaliento,

un segundo de adiós

sin decir nada,

un cuerpo desnudándose a la espera

de esos días de lluvia que te pones

como una sombra azul

en la sonrisa.


En los días lluviosos llora el viento,

se le ponen ojeras

a la tarde,

se le mojan los labios al otoño

y una lágrima gris araña el cielo

como lluvia con sed

que somos todos

hasta que alguien nos bebe dulcemente.



Marcelino Sáez García



sábado, 4 de febrero de 2017

Muerte




La conozco muy bien,

por eso os hablo

con esta cercanía de la muerte,

yo he muerto muchas veces,

muchas, muchas

y todas me han dolido, pero acaso,

la que más me dolió fue la primera.


Después me acostumbre

y pasado un tiempo,

el morir era solo una rutina,

un ejercicio más

imprescindible

en esta cotidiana singladura

en la que vida y muerte era lo mismo.


Ahora que la luz aún me transforma

de sombra a claridad

sin darme cuenta,

ya me estoy preparando, por si acaso

de tanto morir tanto

en una de esas,

la costumbre me cierra un día los ojos

y se me olvida abrirlos para siempre.



Marcelino Sáez García



viernes, 3 de febrero de 2017

Gangrena





La tristeza devasta la memoria

en lo más irredento de mí mismo,

y siento la erosión de los recuerdos

de la ultrajada voz desaforada,

de todas las vivencias compartidas

y de algún sueño roto puesto en fuga.


Agita remolinos en las aguas

donde el tiempo se pasa como espuma,

reinventa la tragedia, la transcribe

y aviva las inertes tradiciones

con otro testimonio de sí misma.


Pero no, no me vale su palabra,

su inexacta verdad, su veredicto,

mi apócrifa verdad, es solo mía

como mía es la voz con la que nombro

el impaciente transito del tiempo

o el desorden banal de lo vivido.


Aparece en la noche como sombra

en la vidriosa curva del insomnio,

letárgica memoria desvelada

cómplice de sí misma contra el miedo,

defenderé el recuerdo que me queda

temblando entre sus dedos gangrenados.




Marcelino Sáez García



jueves, 2 de febrero de 2017

La irrealidad de ser




No se puede cortar la flor del viento

ni llorar tenues lágrimas

de arena,

ni enviar una carta nunca escrita

ni añorar lo que nunca se ha vivido,

pero sí recordar

a aquellos hombres

que escribieron la historia sin saberlo,

sin querer pretender ganar la gloria,

que nos dieron su vida

hecha fragmentos

con el arma sutil de la palabra.


No se puede olvidar a los vencidos

que ahora duermen su sueño

sin retorno,

sin esa identidad que les robaron

sin derecho a una lápida y un nombre,

no se puede olvidar

a quien la muerte

les sorprendió tan lejos de su patria

con los ojos cegados de tristeza

y la sangre feroz envenenada.


Nadie puede olvidar a los ausentes,

a los hombres sin nombre,

sin contornos

porque instalados viven en la sombra,

en el pan que comemos,

en el aire,

en la memoria abierta como herida,

ni ignorar esas muertes anunciadas

que no están aún escritas

porque nadie

sabe mirar más lejos de sí mismo.



Marcelino Sáez García



miércoles, 1 de febrero de 2017

Cuerpos




Primero fue el silencio y la apatía,

oscura enredadera

que trepando

se adhería a mis labios silenciosa.


Después, fue la palabra nunca dicha,

la sublime obsesión

de ser tan solo

una idea que nunca tomó forma,

una línea de puntos

discontinuos

que inconexos, no fueron nunca un trazo.


Más tarde, cuando el tiempo se deshizo

en inmensos fragmentos

de horas muertas,

ya era tarde, muy tarde para todo,

para volver atrás o reinventarnos,

porque habíamos perdido

la memoria

y tú eras un contorno sin un cuerpo

y yo era solo un cuerpo, sin futuro.




Marcelino Sáez García