martes, 31 de mayo de 2011
PISANDO LOS CHARCOS
Estalló el vendaval súbitamente.
Caminábamos absortos
sobre los charcos,
a lomos de una inocencia ciega
que resbalaba
entre toboganes de gotas,
bajo los aleros
de los palacios renacentistas.
En el ruido del agua
nos ocultábamos
de nuestros dragones
y el uno del otro.
Mas silenciosa
regaba la lluvia
secretas semillas, enterradas
en nuestro corazón fértil,
y mil lirios azules
nos nacieron de repente
en el pelo.
Así sin darnos cuenta,
entramos en un túnel
sin retorno.
Y donde un día imaginé
un jardín soleado de nardos blancos,
sólo sentí un vértigo oscuro,
al perderme hacia abajo en tu cuerpo.
Anaís Pérez Layed
lunes, 30 de mayo de 2011
REPTANDO CADA NOCHE
Reptando desde mis rodillas,
como una enredadera envenenada,
con tu recuerdo trepas,
cada noche, el tronco abierto
de mi cuerpo.
Embriagada vivo
en el perfume
de tus moradas flores.
No puedo aniquilarlas.
Como inmortales murciélagos
se enganchan a mi sangre.
Y asisto a toda fiesta
en callejones y palacios.
Confundida en el tumulto
de algún incandescente lecho,
intento llenar al límite
la copa de mi vida,
que rebose hasta escupir
tu nombre.
Y tú
mientras yo río y bebo
me persigues
y mil sensaciones tuyas
aprietan mi garganta
hasta asfixiarme.
Anaís Pérez Layed
domingo, 29 de mayo de 2011
10 de Octubre
10 de Octubre
Y, sin embargo, hablo, sonrío,
converso con aquellos que quieren escucharse
y me convierto en eco de sus palabras solas.
Paseo por el parque de olmos centenarios
y cuando veo un sauce que baja como lluvia,
vuelvo a identificarme.
Paseo, pienso, converso con mi sombra.
Mientras, un hombre serio vestido con un mono
barre las hojas que caen tercamente.
Innecesarias hojas que la escoba convierte
en montones informes de basura pardusca.
Innecesaria, camino, innecesaria,
viéndome en los reflejos del agua prisionera,
innecesaria: cayendo al río torcido
de mi sangre golpeada,
como las hojas, el tiempo, la ceniza.
Innecesaria, y vivo, innecesaria.
Innecesaria, y me dejo vivir en las alcobas,
entro en los almacenes y en las cafeterías,
sostengo las cucharas y duermo y os sonrío,
y extraño las escobas, necesarias y bellas,
que van amontonando las hojas concluídas.
Manuela Fernández Santamaría
sábado, 28 de mayo de 2011
4 de Octubre
4 de Octubre
Aprisionada entre el metal, el asfalto,
la sal y el cemento, entre las ruinas
generacionales y el cielo despiadado.
Retorciéndome como una serpiente
o como un lagarto de escamas verdosas,
ofreciéndome en los mercados de marchitas verduras,
comiendo con sistema y durmiendo
con obligado horario cada noche,
huyendo por las rendijas luminosas,
mirándome en vergonzosos y desolados espejos,
metiendo las manos garganta abajo,
pecho abajo,
para extraer el vómito.
Mientras, la sangre sigue en las arterias
arrastrando innumerables circulacioenes,
viajando como un tren lleno de pasajeros.
¿Dónde encontrar los ojos de la noche?
¿Dónde la rosa, el águila?
Manuela Fernández Santamaría
viernes, 27 de mayo de 2011
Ascendí por los años
Ascendí por los años buscando tu sonrisa:
crucé días como racimos de sombra,
trepé desde el crepúsculo a la aurora,
atravesé las charcas oscuras de la noche.
Para reconocerte cerní la muchedumbre,
fui levantando máscaras de piel y porcelana,
anduve en los desfiles, hablé en las asambleas,
y cuando, al fin, llegaste se despobló la tierra.
Manuela Fernández Santamaría
jueves, 26 de mayo de 2011
Nada puedo decir
Nada puedo decir. Las estrellas
acuchillan la noche, y la luna
cuelga en el hueco del espacio estéril.
El cielo, como un cíclope negro,
vigila con su ojo redondo y giratorio.
Muda, a tu lado, nada puedo decir.
¡Cómo te amo! Mis pensamientos
viajan en la sombra, libres, alados,
y mi boca olvidó las palabras.
Es perfecto este instante. Tu silencio
roza mi pelo como una caricia,
como el descenso leve de la mariposa
sobre el cáliz abierto del almendro.
Tan cerca estoy de tí que se borraron
los contornos agudos de mi cuerpo.
Nada puedo decir. Nada me falta.
Diluída en tu sangre te recorro
dentro de tí me siembro y me disgrego.
Fuera de tí no hay nada. Abrázame,
transmíteme más vida en cada beso.
He soltado todas las palabras
y sólo el pensamiento alea todavía
como un pájaro loco debajo de mi frente.
Manuela Fernández Santamaría
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