He envejecido dentro de tus ojos; eras la dulzura y el exterminio
y yo amé tu cuerpo en sus frutos nocturnos.
Tu inocencia es como un cuchillo delante de mi rostro,
pero tú pesas en mi corazón y, como una miel oscura, yo te
siento en mis labios al ir hacia la muerte.
Antonio Gamoneda
No has envejecido dentro de las almas, eso es más importante, Antonio.
ResponderBorrarBesos para los dos poetas.