Poema de Luisa Miñana
Bajo el sol de Corinto moría aquella tarde
el mundo. Yo habitaba en un cuerpo de seda y miraba
a tus ojos como a los del oráculo.
Todo el tiempo que sucedió después, y sigue sucediendo,
venía diluido en aquella cerveza que apuré, mientras el mar
buscaba entre mis piernas y me volvía ciega, porque para los dioses
la oscuridad es roja, aunque yo no supiera entonces de colores.
Te amaba. Pero tarareaba canciones de la Joplin
o fumaba para disimular. Nunca he sabido dejar pistas.
Es verdad que te amaba. Para amarte fui a Grecia,
joven de la camisa desabrochada a rayas, que se batía
al viento delante de mis ojos, olas del mar Egeo – entre mis piernas:
te adoré como a un dios praxiteliano, pero nunca te dije
mi secreto, ni aun sabiendo que, como a la perfección,
no volvería a verte.
Crucé entre líneas rectas por la historia.
Metí en el equipaje las sandalias compradas como quien compra un modo ]
de volver.
Envolví entre mis ropas, de regreso, los carretes de fotos
que me hicieron después creíble tu existencia, y hasta un poema breve
que tú me dedicaste sobre un mantel a cuadros desastrado, como eran
entonces los manteles en Grecia en los cafés baratos. En línea recta
transité hasta llegar al mundo de los vivos.
No duró mucho el duelo: los aviones recorren demasiada distancia
y apenas queda tiempo y lugar de ordenar sentimientos.
Desde entonces, te añoré como a la infancia, interminablemente. No importa. ]
Bajo el sol de Corinto, que moría como hay que morirse de amor
al final de las óperas, dejé que me mintieras porque así era preciso,
joven de la camisa desabrochada a rayas, que se batía al viento
delante de mis ojos como un dios inmutable desde hoy,
que te nombro,
para reconocerte, finalmente, ya como de otro tiempo,
el de la juventud.
domingo, 19 de agosto de 2007
viernes, 17 de agosto de 2007
AMO, AMAS
Rubén Darío
AMO, AMAS
Amar, amar, amar, amar siempre, con todo
el ser y con la tierra y con el cielo,
con lo claro del sol y lo oscuro del lodo;
amar por toda ciencia y amar por todo anhelo.
Y cuando la montaña de la vida
nos sea dura y larga y alta y llena de abismos,
amar la inmensidad que es de amor encendida
¡y arder en la fusión de nuestros pechos mismos!
AMO, AMAS
Amar, amar, amar, amar siempre, con todo
el ser y con la tierra y con el cielo,
con lo claro del sol y lo oscuro del lodo;
amar por toda ciencia y amar por todo anhelo.
Y cuando la montaña de la vida
nos sea dura y larga y alta y llena de abismos,
amar la inmensidad que es de amor encendida
¡y arder en la fusión de nuestros pechos mismos!
Pues sí, hoy cumplo años
Mis amigas de Entrenómadas se han apresurado a subir un post dedicado a este día de mi cumpleaños. Les doy desde aquí las gracias, sinceramente.
Cuantos más años pasan, más cuenta te das de que lo importante es cómo pasan.
Dejo un par de videos de una de las canciones que más me gustan (a mí también: "Mujeres de Irlanda". Una versión es la de Sinéad O´Connor, y la otra una composición de John Everett Millais sobre la versión musical de The Chieftains.
martes, 14 de agosto de 2007
AMOR
Antonio Gamoneda
AMOR
Mi manera de amarte es sencilla:
te aprieto a mí
como si hubiera un poco de justicia en mi corazón
y yo te la pudiese dar con el cuerpo.
Cuando revuelvo tus cabellos
algo hermoso se forma entre mis manos.
Y casi no sé más. Yo sólo aspiro
a estar contigo en paz y a estar en paz
con un deber desconocido
que a veces pesa también en mi corazón.
AMOR
Mi manera de amarte es sencilla:
te aprieto a mí
como si hubiera un poco de justicia en mi corazón
y yo te la pudiese dar con el cuerpo.
Cuando revuelvo tus cabellos
algo hermoso se forma entre mis manos.
Y casi no sé más. Yo sólo aspiro
a estar contigo en paz y a estar en paz
con un deber desconocido
que a veces pesa también en mi corazón.
lunes, 13 de agosto de 2007
Epitafio para dos extranjeros
Javier Rodríguez Marcos
Epitafio para dos extranjeros
Resurrecturis
Ni el olvido podrá arruinar la vida
que mantiene esta llama lejos de la ruina.
No diga nadie
que comienza la nada,
que se termina el hombre,
cuando el tiempo se apaga,
cuando brota el silencio
(poca cosa es el tiempo
comparado a la vida
y a la pasión de un hombre).
Como el árbol y el árbol
que cruzan sus raíces
en la tierra profunda cruzaron su existencia.
Vivieron como uno y como uno quedan.
Que nadie piense
que hay dos corazones,
ahora que nada pueden,
donde hubo uno solo
que todo lo podía.
En el libro Los chicos están bien
Poesía última
Edición de Manuel Vilas
Epitafio para dos extranjeros
Resurrecturis
Ni el olvido podrá arruinar la vida
que mantiene esta llama lejos de la ruina.
No diga nadie
que comienza la nada,
que se termina el hombre,
cuando el tiempo se apaga,
cuando brota el silencio
(poca cosa es el tiempo
comparado a la vida
y a la pasión de un hombre).
Como el árbol y el árbol
que cruzan sus raíces
en la tierra profunda cruzaron su existencia.
Vivieron como uno y como uno quedan.
Que nadie piense
que hay dos corazones,
ahora que nada pueden,
donde hubo uno solo
que todo lo podía.
En el libro Los chicos están bien
Poesía última
Edición de Manuel Vilas
domingo, 12 de agosto de 2007
HUELE A SANGRE MEZCLADA CON ESPLIEGO...
Rafael Albertí
HUELE A SANGRE MEZCLADA CON ESPLIEGO...
Huele a sangre mezclada con espliego,
Venida entre un olor de resplandores.
A sangre huelen las quemadas flores
Y a súbito ciprés de sangre el fuego.
Del aire baja un repentino riego
De astro y sangre resueltos en olores,
Y un tornado de aromas y colores
Al mundo deja por la sangre ciego.
Fría y enferma y sin dormir y aullando,
Desatada la fiebre va saltando,
Como un temblor, por las terrazas solas.
Coagulada la luna en la cornisa,
Mira la adolescente sin camisa
Poblársele las ingles de amapolas.
HUELE A SANGRE MEZCLADA CON ESPLIEGO...
Huele a sangre mezclada con espliego,
Venida entre un olor de resplandores.
A sangre huelen las quemadas flores
Y a súbito ciprés de sangre el fuego.
Del aire baja un repentino riego
De astro y sangre resueltos en olores,
Y un tornado de aromas y colores
Al mundo deja por la sangre ciego.
Fría y enferma y sin dormir y aullando,
Desatada la fiebre va saltando,
Como un temblor, por las terrazas solas.
Coagulada la luna en la cornisa,
Mira la adolescente sin camisa
Poblársele las ingles de amapolas.
sábado, 11 de agosto de 2007
YO VOY SOÑANDO CAMINOS...
Poema de Antonio Machado
YO VOY SOÑANDO CAMINOS...
Yo voy soñando caminos
de la tarde. ¡Las colinas
doradas, los verdes pinos,
las polvorientas encinas!...
¿Adónde el camino irá?
Yo voy cantando, viajero,
a lo largo del sendero...
-La tarde cayendo está-.
En el corazón tenía
la espina de una pasión;
logré arrancármela un día;
ya no siento el corazón.
Y todo el campo un momento
se queda, mudo y sombrío,
meditando. Suena el viento
en los álamos del río.
La tarde más se oscurece;
y el camino se serpea
y débilmente blanquea,
se enturbia y desaparece.
Mi cantar vuelve a plañir:
Aguda espina dorada,
quién te volviera a sentir
en el corazón clavada.
YO VOY SOÑANDO CAMINOS...
Yo voy soñando caminos
de la tarde. ¡Las colinas
doradas, los verdes pinos,
las polvorientas encinas!...
¿Adónde el camino irá?
Yo voy cantando, viajero,
a lo largo del sendero...
-La tarde cayendo está-.
En el corazón tenía
la espina de una pasión;
logré arrancármela un día;
ya no siento el corazón.
Y todo el campo un momento
se queda, mudo y sombrío,
meditando. Suena el viento
en los álamos del río.
La tarde más se oscurece;
y el camino se serpea
y débilmente blanquea,
se enturbia y desaparece.
Mi cantar vuelve a plañir:
Aguda espina dorada,
quién te volviera a sentir
en el corazón clavada.
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