lunes, 29 de diciembre de 2008

La soledad de la bella durmiente




La soledad de la bella durmiente
seguía dibujando la certeza
de un dulce Sur y un corazón perdido
y años que se entretienen y resbalan
entre dedos desiertos de caricias.
Y tú que sollozabas escondido
en el ángulo oscuro de mi danza,
en el rincón mas quieto de mi sueño;
y yo que despertaba de repente
del único destino de las hadas,
de mi tiempo pasado entre unas ruinas
más perfectas que yo, desde los versos
de los cuentos amargos de las niñas,
amargos como hombres que levantan
los vestidos y rompen las almohadas
a las que me abrazaba por las noches
cuando el amor era un temor futuro,
cuando todo da miedo y tú no estabas
besándome la angustia de los párpados
ni esperando los pasos de mis piernas,
las mismas que sostienen y que guardan
tus labios en el centro de mi trampa.
Tus labios cuidadosos por mi alma
muerden mi corazón, leen los mapas
del calor en mi piel y las montañas,
el mar, el cielo, el sol, la luna y nada,
nada como tu peso me ata al alba.
Sobre mí tu deseo y la mirada,
sobre mí tu equilibrio y tu locura,
tú sobre mí, tú y yo sobre la cama.


Olga Bernad



2 comentarios:

Olga B. dijo...

Gracias, Fernando.
No nos conocemos, pero me has hecho el mejor regalo que podría hacerme la persona que mejor me conociese: leerte ayer mi poema en mi bitácora y quedártelo hoy en la tuya.

http://cariciasperplejas.blogspot.com/

Juan Manuel Macías dijo...

Ya leí esta maravilla de poema e caricias perplejas, y es un placer volverlo a leer aquí. Gracias a Fernando por subirlo y enhorabuena (bis) a Olga.