jueves, 6 de noviembre de 2014

Despedida




Una noche cualquiera

de un día con cielos grises,

despertaré abrazado

a la ausencia de tu mundo,

que es el mío cuando tú no estás.



Entonces, acariciaré tu pelo

convertido en una ciudad apagada.

Tu cuerpo semidesnudo,

será sombra en las esquinas de las calles

de esa misma ciudad sin luz,

donde el sueño de recordarte

juega a defenderse.



Una noche cualquiera,

fría como la nieve cuando tú me faltas,

sentiré miedo al oír el temblor

de tus muslos cruzar la puerta

sin mirar atrás.



Entonces, te estaré mirando.

Una mirada de otros ojos

con rastro de amor.


Sintiendo por dentro cómo se derriba todo.


Una noche cualquiera,

cuando las verdades sin contar

apaguen las cenizas de los labios,

cuando los silencios hayan perdido su crédito

y tu piel sea cicatriz de la mía.



Entonces, el rumbo de tu sonrisa

me dirá la isla dónde naufragué.



Para ese momento,

los dos habremos maldecido

las cosas que no se pueden compartir,

la intransigencia de los ojos de ciego,

las paradas donde no llega el metro

y el taxi quedando lejos.



Esa noche cualquiera, nosotros,

volveremos a ser tú y yo.


Antonio José Royuela


miércoles, 5 de noviembre de 2014

Hoy





Al despertarme hoy a tu lado

y contemplarte.

Antes de alejarme en la densidad

de la ciudad,

he comprendido la leyenda de la inmortalidad,

el porqué de las noches diferentes

en cada ciudad.

El sueño del niño y el rojo de las amapolas.



Hoy, durante la mañana de oficina,

esquivo como la piel de la puta

con su ropa en las noches de enero,

y añorándote en las balas

que dispara el deseo de volver pronto

a tu mirada, al vértigo de tu desnudo

y al eco de tus besos no robados.



Entiendo que la pasión entra en las palabras

como la luz por las ventanas.

Palabras llenas de pasión

que no dejan que tu recuerdo

se aparte de mi memoria.



Hoy, al café de media tarde,

entre el humo de unos cigarrillos,

donde tu sombra

se hace memoria de mi cuerpo

y tus manos arañan mi espalda,

he deseado cambiar el orden de las estaciones,

poseer el vuelo del cóndor,

escribirte este poema

como seña de nuestro amor,

donde nuestros cuerpos se hacen noche

y son envidiados por los desvanes.



Hoy salgo vestido de ti,

con mis amigos.

Los bares han cerrado ya

y por las aceras juego a perderme

donde sólo tú sabes encontrarme.



Hoy es mañana:

como la noche interrumpida,

como el reloj sin cuerda,

como el sueño roto que enlaza con otro nuevo,

como la película cortada en la escena del crimen.

Y te grito en el silencio de la distancia

con la intención de atraparte mañana.



Antonio José Royuela,


martes, 4 de noviembre de 2014

Te hallo y me pierdo




Te hallo

en los labios de la noche,

en la melaza de tus pezones,

en la querencia de tus oquedades

y en el buen hacer de tus manos



y me pierdo

en los besos ausentes

de una boca nómada,

en la sombra de unos turgentes

y distanciados senos,

o en el vaivén

de unas caderas infidentes.



Te hallo

en la batalla cuerpo a cuerpo

hecha cama y en tu gemir

cuando pides que azote tus nalgas

mientras la luz de tus ojos

solicitan continuidad en el movimiento

de nuestros torsos adheridos,



y me pierdo

en la orilla sin mar

que aleja tu espalda,

en la angustia de saberte acariciada

en el fuego de otro calendario

o en la imagen rota

de un despertar abrazado a tu ausencia.



En este círculo

de hallarte y perderme

es donde la necesidad de la certeza

es un cielo en aquelarre.



Antonio José Royuela


lunes, 3 de noviembre de 2014

Qué si soy mujer




Me preguntas qué si soy mujer.

Como si no hubiese dado muestras de ello.

Como si no bastara

equilibrar los delirantes acordes de tu caminar,

ser las cuatro patas de la mesa

sobre la que se come, se sueña y se llora,

sacar las plantas al balcón para que el dióxido

no perturbe tus comas.



Como si no hubiese sido suficiente

levantarme temprano todos los días,

recoger el ancla, limpiar la casa de agujas infectadas,

maquillar el desaliento de entre mis piernas

o tener siempre a mano la miel con limón

con la que lubricar nuestras gargantas dañadas

por el desorden de las palabras.



Te recuerdo parte del equipamiento de serie que llevo:

la orografía que levanta deseo de ser coloreada,

un obrador de vida,

la sinergia de milenios de las de mi especie,

el mejor manual de supervivencia que se conoce

y un libro de recetas sobre felicidad.



Que si soy mujer, me preguntas,

y te quedas tan pancho, ¡hombres ciegos!,

apresados en su propio bienestar.



Antonio José Royuela


domingo, 2 de noviembre de 2014

Semana dedicada a Antonio José Royuela




¡Estoy harta!



Estoy harta de tus besos que no besan
harta de mendigar unas horas para salir sola,
cansada de mirar el techo y permanecer quieta
cuando buscas tu placer a toda costa.

Cansada de tus abrazos de propina
fatigada de dormir siempre alerta
aterrada con los portazos que me despiertan...

Abatida de ocultar mi mirada delatora
ofuscada de censurar las palabras.
que sueñan      
con salir a gritos       
de mi boca.

Avergonzada de esconderme de los míos
para que no vean las huellas que me dejas.
Hastiada de amoldarme a tus caprichos,
ahíta de tus falsas excusas
cuando recurres a la humillación y a la violencia.

Perturbada al sentirme tan indefensa
asfixiada estoy de tu prepotencia,
que a todas horas me anula
me controla     
me desespera.

Pero a pesar del miedo
no has logrado arrebatar toda mi fuerza.
Introduzco mi vida en una maleta
y con mano firme,       
abro la puerta.

Silvia Cuevas-Morales




sábado, 1 de noviembre de 2014

Anoche nos amamos




Eran tus labios prohibidos

Era mi lengua atrevida

Eran mis senos ansiosos

Eran tus dientes rapaces

Era tu vientre cálido

Era mi mejilla en tu regazo

Eran mis muslos firmes

Eran tus manos suaves

Era tu sexo ardiente

Era mi boca ávida

Era mi grito desesperado

Era tu orgasmo liberado


En diferentes lechos

A miles de kilómetros

Anoche...

nos amamos



Silvia Cuevas-Morales