sábado, 14 de diciembre de 2013

Silva del viejo árbol y la bella flor





El viejo árbol entreabrió sus ramas,

cobijarla quería,

que la paz encontrase su belleza.

Pero ella, soberbia,

rayos de sol pedía.

Con el tiempo, al pasar...

Su piel de suaves pétalos ardía

cuando las ramas urgida inquiría,

pero el árbol, cansado de sus hojas,

desnudo quedaría.

Sabio en su bosque, su vivir fluía.

Con la Luna y la noche,

no quedó belleza en aquella flor,

mientras el árbol se fortalecía.

Dulzura en él brotó

y como el más preciado tesoro,

a la flor su savia regalaría,

trocando en arrugas sus llagas

pero su gran belleza

en una sonrisa transformaría.




Isabel G. Jiménez