martes, 18 de enero de 2011

Y cuando llegue un día la tormenta




Y cuando llegue un día la tormenta,
caminarás conmigo, sin reproches.
Será mi cuerpo abrigo de tus noches,
y el tuyo, el pan que siempre me alimenta.



Nombraremos aquello que encontremos
en el constante avance de los días:
el agua, los caminos,
la alegría.
El fuego, la pasión,
la lejanía.
La noche, la ternura,
la osadía.
El miedo, el sueño, el canto,
la armonía.
El beso, la sonrisa,
la poesía.


Sentiremos el roce, sin malicia,
de la lluvia empapando la mañana,
y la brisa fingiendo una caricia
a mi alma tendida en la ventana.


Descubriremos juntos la belleza,
dormiremos en lechos de gemidos,
de besos, de ternura, de latidos,
y abrazaremos juntos la certeza.

Y aceptaremos juntos lo que viene,
y perderemos juntos la inocencia...
Y sabremos, por fin, que el tiempo tiene
fingida voluntad de permanencia.


Marisa de la Peña


3 comentarios:

María Socorro Luis dijo...

Es bellísimo, Marisa. Me encanta el ritmo y ese tono optimista.

Un abrazo a ti y otro a Fernando

Arruillo dijo...

Está vivo este poema, derrama alegría y ganas de vivir.
Un beso

Laura Gómez Recas dijo...

Cuartetos, serventesios, y una cascada de endecasílabos rotos.

... y juegas, juegas, juegas con la palabra. Es un placer verte jugar.

Laura