viernes, 17 de enero de 2014

Llueve en el sombrero hambriento de la noche.





Llueve en el sombrero hambriento de la noche.

En el alarido lento del asombro que no sostiene el aire ni la vida.

En la muerte de los niños poco importa que se crea que son otros y es de día.

Y ya no tengo manos o sangre para el frío.

Sólo el horror dice mi nombre en esos ojos fijos que me miran.



Domingo Acosta Felipe