lunes, 28 de abril de 2014

The house among the roses (Monet, 1925)




Todos la señalaban con el dedo, asentían,

se alejaban para observar mejor, muy fijamente,

como niños siguiendo una cometa por la playa.



Una mujer incluso usaba unos prismáticos,

muy seria y sigilosa, la cabeza inclinada,

igual que si escrutase un mapa falso del tesoro.



Yo me sentía imbécil. Recuerdo que pensé: quizá

la casa entre las rosas esté fuera del cuadro,

donde nadie la piensa,

allí donde se nubla tu mirada.

Quizá hayamos perdido el tiempo buscando el animal,

nunca su sombra;

el destello del sol sobre la fuente, no la sed.



Seguí pensando un rato, como ciega,

mientras los japoneses sonreían.



Porque tal vez la casa sólo fuera las rosas

y aquel cielo turquesa,

alegría compacta y lumbre fácil.



Hoy creo que la casa entre las rosas siempre fuimos

nosotros. En su busca.



Martha Asunción Alonso