martes, 19 de enero de 2016

MILLENNIALS



Entró en crisis

la palabra crisis.

Discursos

que la (H)istoria ya no sabe pronunciar.



(Suave es la noche con su

“¡Lo lo lo looo lo lo looo!”

en dialecto orangután)



El dedo de mi abuelo

se recuerda, en recuerdos de mi madre,

señalándome de niño

y subrayando una sentencia:

«nosotros vivimos una guerra

y fuimos de peor a mejor,

pero estos…

estos que se preparen».



Y yo sin prestar atención,

jugando con mis dos años

esparcidos por el suelo.



Y mientras la prensucha se contenta

con llamarnos millennials

con aires de sociólogo de suplemento dominical,

y dice que no nos gustan los bancos,

ni las hipotecas,

ni pagar con dinero físico,

ni la política,

tratamos de no volvernos locos

entre Telecinco y la MTV,

entre el gym y el ñam [esto no es mío],

entre el peta y el destornillador,

entre las teclas de un iPhone,

entre hacerse un selfie o ser un fashion victim,

un ni-ni o un [introducir término que nadie ha tenido huevos a inventar].



Somos más tontos

de lo que pensáis,

pero, ¡hombres de poca fe!,

aún os tendréis que esforzar más.



Aquí tenéis a vuestros hijos,

borrachos de autocomplacencia,

rescatando entre la farra y la farlopa

indicios de algún origen.



Aquí tenéis a vuestros huérfanos,

rescatando a plazos,

y con intereses,

su propia tradición;

que nada debemos a la copla,

al tapeo o al paro,

y todo

al Banco Santander.


Julio del Pino