domingo, 26 de junio de 2016

El mar se tragó una porción de tierra





Aquella noche que el mar

se tragó una porción de tierra,

la sombra del reo

se balanceaba enrejada

con su ropa.

Ni las drogas, ni la enfermedad

sirvieron de diccionarios

cuando el teléfono

interrumpió el silencio con su desenlace: Quien recorre el yermo,

su recompensa – su castigo – es el polvo.

Los descendientes de la Tierra

enmudecieron.

Los ojos de las madres y hermanas doblaron

aquella noche que el mar

se tragó una porción de tierra.

No hubo que preguntar por quién.

La mañana se cubrió con manto oscuro;

las mujeres sus rostros con las manos

para soportar el dolor de la entraña y la sangre.

Madre gastó sus palabras suaves

en un ramo de flores,

y la séptima parte de su alma destrozada.

Incluso yo, que creía ser una isla,

completo en mí mismo,

sentí crecer la marea, resquebrajarse el continente.

Ahora soy un archipiélago

en el piélago de mi madre:

Trémulo y ceniciento

desde aquella noche que el mar

se tragó una porción de tierra. 


Adrián Flor