miércoles, 21 de septiembre de 2016

Mientras el niño corre en los campos de trigo



Mientras el niño corre en los campos de trigo,

yo tiro mi llave al mar y se convierte en pez.

Todo parece muy fácil.

Los árboles callan por sus hojas caídas

y en los huecos colapsan el tiempo y la oscuridad.

No es extraño que el recuerdo descubra una superficie donde posarse.

La veta metálica donde fermente el olvido.

Crecen flores en las alcantarillas y el río es tan solo una herida seca.

Ya nada respira bajo el asfalto.

Nada, salvo un puñado de uñas y raíces.

Me he perforado las manos para que pasen los hilos de la noche.

No quiero retroceder a la falsa luz.

A veces observo cómo los gatos pasean por las cornisas, despreocupados,

y entonces comprendo que no hay nostalgia en su mirada:

simplemente reflejo.

Simplemente cristal, cables, polvo,

en la angosta geografía del mundo.



Javier Fajarnés Durán