martes, 20 de septiembre de 2016

Siempre me detengo frente a los mismos charcos



Siempre me detengo frente a los mismos charcos,

los precisos charcos de agua negra.

En el parque, el pájaro mudo adormece en su rama

y los astros apagan, uno a uno, los últimos deseos de los hombres.

Un reloj de bolsillo descansa sobre la hierba:

el invierno ha quebrado su complejo mecanismo.

Advierto sombra en las ventanas

y solamente arena, hojas secas y un par de fuentes

en este triste bosque de ciudad.

Ruedan algunas monedas por los caminos,

periódicos usados, las colillas de los viejos...

Mis yemas azules atraen a los insectos de la noche

y yo sencillamente me pregunto:

¿qué sería de nosotros?, ¿qué valor tendría el tiempo rotas

todas las saetas?



Javier Fajarnés Durán