lunes, 20 de octubre de 2014

La pecera




Sé que te intuyo más de lo que te sé.

Veo venir de lejos al hombre que estás a punto de ser

mientras el niño que estás siendo le susurra

a la niña que le crece a mi mujer.

Son ellos quienes pasean ciertas horas

por las playas que inventa la ausencia,

como jardines de infancia sin tutores

donde hacerse los recreos y morderse la merienda.

Levantan torres de babel,

combaten a los dragones con tu lápiz de arena,

lanzan una red de risas al agua, y, de repente,

el mar se abre como una boca,

una pecera gigante de amor salado.



Después se quiebra el sueño, y él se esconde.

La inocencia escribe el último verso de la noche.

En el punto final te encuentro, esa isla minúscula

que pone mi mujer, que borra tu hombre.

Nuestros niños se hacen los muertos sobre la duda.

Nos extrañamos en el sueño que despierta el deseo.

Luego poco más: la noche vuelve a su sitio


y avanza en silencio.



Andrea Mazas