sábado, 2 de mayo de 2015

Casi nada lo creo muy seguro




Casi todo lo creo muy seguro

(Dámaso Alonso. Duda y amor sobre el ser supremo).



Casi nada lo creo muy seguro.

Los que sólo son para sí mismos

como amenaza contemplan lo trascendente.

La duración se contiene en la duración misma,

sin paréntesis de horas, sin ese repecho

de impostura al que denominamos tiempo.

En la equivalencia entre el instante y lo permanente

reside la sustancia de mi alcance.

Pido piedad a los recuerdos,

a esas notas adscritas a mi conciencia,

a esos sueños, a esas mentiras

semejantes a las certezas, a esas evocaciones

conservadas para el rencor o la podredumbre.

La piedad lo es si cumple con el deber

del perdón para lo inexcusable, sin tal merced

la caridad se convierte en limosna,

en gracia concedida sin mérito ni virtud.

¿Qué será de la conciencia

cuando se desprenda de la memoria?

¿Continuará bajo el dictado

de las vividas impresiones?

La misericordia

en la aceptación miserable del abandono.

Saciarse de la hierba del olvido

silencia pero no acalla.

¿Cómo habitar la respiración, el crujir denso

que acompaña a la vida en cada gesto?

Ni el rechazo, ni la consunción,

ni el reclinarse en un altar dorado,

ni el morder con rabia todas las privaciones

son causa de mayor virtud ni gracia.

Cuando el camino es el fin

se anula la falta.

Finalmente la vida no es tan importante,

pueden serlo más los pájaros.


Raúl Herrero