sábado, 16 de mayo de 2015

II





Frío y niebla en las calles

de halos etéreos,

almas incandescentes de efímeras bellezas

y un muro solitario sombreado por ellas.



Miedo a lo trágico,

a lo convulso,

desconocido,

y a las brunas honduras de frágiles destellos.



Frío y niebla en las calles

de halos etéreos,

mientras vibran las luces

de utópicas luciérnagas en vidrieras de plata.



Anhelos por caricias que preceden romances,

por miradas cerúleas,

por bocas encarnadas

que exhalan intenciones de hablar lenguas extrañas.



Frío y niebla en las calles

de halos etéreos,

de imágenes oníricas,

de márgenes de tiempo;



donde un ángel con versos de color pergamino

quizás escriba,

sobre el lienzo nocturno,

las perfumadas letras de un íntimo susurro.


Pablo Delgado