jueves, 14 de mayo de 2015

Por las húmedas rosaledas



Piso jardines mojados y frescos,

hollo hojarascas formando dibujos,

y entre los verdes y pardos terrenos

se atornasolan florales saludos.



Mis manos rozan las rosas del trecho

mientras respiro un dulzor semioculto,

dulzor fragante de vuelo secreto

que representa el balsámico influjo;



las rosaledas desvelan misterios,

misterios viejos, misterios profundos,

misterios llenos de arrobos y besos

que modelaron amores venustos.



Hay rosas blancas cual telas del cielo

que inmaculadas irradian tributos,

cuando las beso se azoran con tierno

color de aurora, sagrado, desnudo.



Hay rosas rubias cual tiaras de Helios

donde los rayos dan vagos rasguños,

y aquellas se abren en nimbos de fuego

mientras se aciegan mis ojos con gusto.





Hay rosas rojas de lúbrico aliento

con morbideces de estambres fecundos,

concupiscentes presentan por dentro

sus corazones de pólenes puros.



Y ante mis ojos llegado ya el véspero

se muestra el éter vestido de humo

¡truena y flechea!, ¡retumba violento!,

¡retumba y lanza puñales de embrujo!;

y aquellos talles de armónico efecto

tiemblan ahora en silentes murmullos.


Pablo Delgado