martes, 12 de mayo de 2015

El abrazo






Cuando el último día del otoño

se abraza al primer día del invierno

los campos aclarados de dorados

se cubren con argento,

se cubren con el frío,

y es entonces cuando se oyen los ruegos,

y los vahos escapan

como númenes de malos artistas,

como psiques que suben a los cielos.

Las colmenas se engalanan de luces,

y próvidas contentan los deseos

mundanos, esperando las sorpresas

del rojo y blanco mago,

del rojo y blanco adviento.

Cuando el anciano solsticio de sable[1]

manto culmina su rondar sereno

de las horas, y los druidas de hinojos

bien postrados ofrendan ante leños:

se escuchan viejos cantos,

se piden los deseos.

Cuando el último día del otoño

se abraza al primer día del invierno.


Pablo Delgado