miércoles, 9 de septiembre de 2015

EL NOMBRE





Cuando el amor es digno de tal nombre

puede ser que el deseo se adormezca

en el cómodo lecho de la monotonía,

los cotidianos usos rutinarios

que matan hasta el fuego más potente

e incluso nos podrían empujar a otra lumbre;

resulta dolorosa la experiencia

mas se puede olvidar, cuando dos vidas

quieren recorrer juntas un camino

que a veces se hace demasiado largo.



Porque cuando el amor es digno de llamarse

amor, cuando merece un nombre tan inmenso,

con los años el fuego se transforma

en tierna calidez, en compañía,

en sosegado aliento, confianza,

en cómplice caricia sanadora,

lealtad inquebrantable, abrazo mudo

e indulgencia con todos los errores.



Lo que no se perdona es el ataque,

el implacable juicio, ni la sorda

revancha de quién sabe qué agravios,

el desprecio, los gritos, el insulto,

el ansia irrefrenable de hacer daño

a quien comparte cama cada noche.

Porque eso no es amor ni lo fue nunca,

es algo que no sé cómo llamar,

habría que inventar otra palabra.


Alegrémonos pues, que nada hemos perdido.

Tan solo hemos dejado de engañarnos.


Ana Montojo