sábado, 28 de mayo de 2016

La mujer tranquila




Frenética. Rápida y constante. Frenética me hundo en el devenir de las horas rotas. Frenética pronuncio tu nombre en cada segundo de existencia, en cada latido fustigándome en las sienes, en cada instante en el que navego y callo para no gritar tu nombre. Frenética me ahogo, nado a contrafuego en las aguas turbulentas de mi hoguera, nado entre la espuma ruda y turbia, entre tu llama que gime silencios sin respuesta. La tempestad rompió mi cuerpo dividido, mi alma quejumbrosa en la noche y su clamor. Pero permanezco frenética, a la espera de la llegada inexistente, de tu llegada que invento como un pájaro lánguido y veloz.


Yolanda López