lunes, 7 de diciembre de 2015

Confesión




Voy a confesar que nunca fui libre.

Que después de haberte encontrado,

todo espacio quedó impregnado

de la necesidad que de ti tengo.

Que cada noche, viajas conmigo hasta el sendero

en que me pierdo

cuando mis ojos se duermen, buscándote.

Y cada día, despierto en la ansiedad y la osadía,

de lanzarme a las letras que hace tiempo, te trajeron.

Sólo para volver a leerlas.

Y encontrarte, en ellas.

Voy a confesar que me fui perdiendo

y más de un crimen he cometido.

Comencé matando a mi egoísmo.

Ese que me mantenía a la defensa de ti,

que me hacías feliz.

Lo arruiné a golpes de esperanza.

Por alcanzar la brasa

que ponía calor a mis madrugadas.

Seguí por mi mañana.

Dejé de interesarme en él, sólo para vivir el hoy.

A la espera de una nota cualquiera,

que me hablara de amor.

Terminé con la arrogancia de mi presencia.

Dándome cuenta que la urgencia

era mi única cómplice, necesaria.

Esa, que sabiendo de tu ausencia, te traía igual…

imaginaria.

Y me permitía sospecharte en una sonrisa, al hallarme.

En un dejo de simpatía, al escribir una palabra.

Ella, me hablaba de ahora y borraba las nostalgias.

Ella, sostenía la prisa, que me era necesaria…

y el ruego de mi plegaria:

cruzarte.

Compartir camino, aún sin conocerte.

Construir la magia… y alcanzarte.

Debo confesar…

que tu nombre me hace falta.


Marcela Peralta