viernes, 4 de diciembre de 2015

MIMARIO V



Has venido a mi pecho y en sus muros

se escuchan los cerrojos gravemente exhaustos,

es el temblor del mundo y sus raíces

bajo los patios largos que albergan la pureza

o la memoria frágil de los niños,

volaron las palabras entre las golondrinas

y cayeron del aire sus ruidos hambrientos.



Qué oscuridad tan lenta bordea el almanaque,

cubre la edad un cirio adormecido

que delinea el tiempo entre el cielo y la sombra.



Te acerco un faro virgen para cada tormenta,

un presagio de luz que lentamente crece

en la fugacidad del aire

y se enciende en el pecho como un metal furioso.



Porque caminaste enfermo de rosas y salitre

y te cayeron nidos sobre tus pies de niño

y los árboles grises te anudaron sus lenguas,

yo te arrullo la noche y los cordeles

la percusión del nombre en el destierro,

la quema de sus himnos.



Los caballos son rastros en la arena vencida,

nada saben del mar.


Sara Castelar