miércoles, 24 de septiembre de 2014

Comedor de amaneceres




Adiós, viejo imposible deseo:

ya no quiero ser poeta.

Ahora dedicaré

los sudores de mi alma

al noble oficio

de comedor de amaneceres.

Seré mi propio espectador;

me convertiré en sacerdote

de los Adoradores del Ego.

Escalaré madrugadas para,

desde la cima,

poder ver lo que nadie

nunca antes ha visto:

como se deshojan, marchitas

las flores, del mal

y del bien.

Y cuando cansado

me llegue el olvido

entonces sí

cantaré la misteriosa canción

de la nada.



Miguel Fernández de Córdoba