viernes, 21 de octubre de 2016





Tejemos la vida,

entre orines de canes,

de dos y cuatro patas,

entre sus ásperas fachadas,

la dureza de su asfalto,

y las luces de farolas de otro siglo.

Parece que fue ayer,

cuando, jugaba a ser mayor,

y hoy,

quiero volver atrás

y ya no puedo,

el tiempo es una mecha que empieza a arder al nacer,

y se apaga al evaporarnos.

Intento ser quien quise,

pero no todo es posible,

quiero barnizar mi sonrisa triste,

pintando encima lo bohemio,

queriendo ser abstemio,

de odio, rencor, miedo,

incluso sueños.

Al final del día,

la calle respira calmada,

y soy reflejo de sus calles adoquinadas,

como el temperamento que guarda mi mirada,

bajo una cortina cristalina, aguada en lágrimas,

pensando en lo que la vida está por darme.

Esa calle es solo una tapadera,

para tapar la herida que aun escuece,

una personalidad ocre,

autoestima en secano,

el genio de la lámpara me tocó sordo,

los deseos los lancé en botellas en la adolescencia,

intento cambiar el modo, olvidando el tiempo.


Daniel Gómez