domingo, 16 de octubre de 2016

Desierto



Conocí arenas movedizas más firmes que tú,
caminar de tu mano
es como tambalearse mientras haces equilibrio,
y yo soy de las que acabo en el suelo.

No soy de las que tiene la fuerza
para evitar el hundimiento;
pero me da miedo pensar
que sería capaz de hundirme contigo sin poner resistencia alguna 
y sin embargo toda la poesía de tu boca
sea al final la que acabe hundiéndome sola.

Quiero;
quiero no quererte hasta que tú seas capaz de hacerlo locamente;
quiero besarte y quitarte diez años de encima,
y descubrirte inmaduro y loco,
quiero que tus ganas y las mías se acumulen
y al saldarlas hagamos fuegos artificiales;
quiero que me subas tan alto
que se me olvide el vértigo;
quiero hacer lo que me salga de las tripas
y reírme sin darme cuenta de que puedo acabar llorando;
quiero que no seas solo desierto,
y conocerte como ciudad,
como calle
y como casa;
quiero despertarme y que el sol te haya visto antes que yo.
Quiero que seas inmune al tiempo,
al nosotros,
a la vida.
Y que te quedes;
que no te haga falta irte para echarme de menos.

Quiero;
te quiero,
aún no,
pero pronto.


Débora Álvarez