viernes, 24 de abril de 2015

18:33



Al hilo rojo 



Los bancos del parque son

mis paradores de ciudad.



Un anciano deambula en línea recta.



Un joven se acerca. Se estrechan los cuerpos.



-Perdone, tiene usted una pegatina en su espalda-.

-Gracias, joven. Estos niños de hoy en día…

Muy amable. ¿Tendría usted hora?-


-Sí, claro, las seis y media-.


-¿Cómo se llama?-


El tentempié de los árboles.

La distancia entre los dedos y

el rastro de unos zapatos

de cordones desatados.


La tarde tiene sabor a castaña recién hecha.


-Perdone, tengo prisa-.


-Disculpe. Muchas gracias-.


Y vuelve a colocarse su pegatina en la espalda.


Sara Herrera Peralta