lunes, 18 de julio de 2016

EL DESTINO



Él era el guardián de la historia.

Salió de la memoria de las hojas caídas.

Caminaba hacia el sur, hacia el agua.

Recogiendo reflejos, susurros...

Le recuerdo callado, invitándole al viento

a tocar las campanas que limitan los siglos.

Deshojando las noches

en su voz, por su voz, con su voz.


Y ahora,

que el tiempo sigue oculto a mis palabras,

a mis manos, a mis ojos, a mi piel,

a la luz del mediodía que nunca fue rocío,

yo sé que en el azul tampoco habrá respuesta,

ni caminos,

ni sonidos.

Silencios del cristal del mundo.

Silencios...


Isabel Delgado