jueves, 7 de julio de 2016

Tijeras



Entre arrinconados recuerdos

encuentro sus tijeras.

Viejas, proscritas y olvidadas,

dentro de una caja carcomida,

las tijeras de mi tío.

Ellas cortaron mis trenzas,

y dibujaron mi flequillo,

tantas veces...

No están rotas, ni oxidadas,

ni siquiera sucias.

Envueltas en un papel suave,

de ese azul cielo que lo rodeaba,

a él, a mi tío,

y que aún lo ciñe para mí,

esperan mi curiosidad

y mi tiempo presente.

Quieren ser rescatadas,

devueltas al armario lacado de blanco,

que ya no existe.

Quieren disfrutar la caricia del afilado,

el toque experto de sus manos

ásperas y grandes,

y el roce de mi pelo,

con su sonido mudo al ser cortado.

Pero ya no están sus manos,

las manos trabajadas y entendidas de mi tío,

que las dirigía con pericia

en mi melena saturada de remolinos.

Y yo no sé afilarlas,

ni devolverlas a la vida.

Sólo puedo mimarlas,

envolverlas otra vez

en el papel azul cielo,

y buscarles un sitio mejor,

más nuestro,

lejos de los arrinconados recuerdos.


Pepa Pardo