miércoles, 1 de febrero de 2017

Cuerpos




Primero fue el silencio y la apatía,

oscura enredadera

que trepando

se adhería a mis labios silenciosa.


Después, fue la palabra nunca dicha,

la sublime obsesión

de ser tan solo

una idea que nunca tomó forma,

una línea de puntos

discontinuos

que inconexos, no fueron nunca un trazo.


Más tarde, cuando el tiempo se deshizo

en inmensos fragmentos

de horas muertas,

ya era tarde, muy tarde para todo,

para volver atrás o reinventarnos,

porque habíamos perdido

la memoria

y tú eras un contorno sin un cuerpo

y yo era solo un cuerpo, sin futuro.




Marcelino Sáez García