jueves, 2 de febrero de 2017

La irrealidad de ser




No se puede cortar la flor del viento

ni llorar tenues lágrimas

de arena,

ni enviar una carta nunca escrita

ni añorar lo que nunca se ha vivido,

pero sí recordar

a aquellos hombres

que escribieron la historia sin saberlo,

sin querer pretender ganar la gloria,

que nos dieron su vida

hecha fragmentos

con el arma sutil de la palabra.


No se puede olvidar a los vencidos

que ahora duermen su sueño

sin retorno,

sin esa identidad que les robaron

sin derecho a una lápida y un nombre,

no se puede olvidar

a quien la muerte

les sorprendió tan lejos de su patria

con los ojos cegados de tristeza

y la sangre feroz envenenada.


Nadie puede olvidar a los ausentes,

a los hombres sin nombre,

sin contornos

porque instalados viven en la sombra,

en el pan que comemos,

en el aire,

en la memoria abierta como herida,

ni ignorar esas muertes anunciadas

que no están aún escritas

porque nadie

sabe mirar más lejos de sí mismo.



Marcelino Sáez García