viernes, 3 de febrero de 2017

Gangrena





La tristeza devasta la memoria

en lo más irredento de mí mismo,

y siento la erosión de los recuerdos

de la ultrajada voz desaforada,

de todas las vivencias compartidas

y de algún sueño roto puesto en fuga.


Agita remolinos en las aguas

donde el tiempo se pasa como espuma,

reinventa la tragedia, la transcribe

y aviva las inertes tradiciones

con otro testimonio de sí misma.


Pero no, no me vale su palabra,

su inexacta verdad, su veredicto,

mi apócrifa verdad, es solo mía

como mía es la voz con la que nombro

el impaciente transito del tiempo

o el desorden banal de lo vivido.


Aparece en la noche como sombra

en la vidriosa curva del insomnio,

letárgica memoria desvelada

cómplice de sí misma contra el miedo,

defenderé el recuerdo que me queda

temblando entre sus dedos gangrenados.




Marcelino Sáez García