domingo, 5 de febrero de 2017

Fiebre de otoño



Esta fiebre amarilla del otoño

y esta lenta agonía

de la tarde,

despabilan mi voz adormecida

agolpando en el filo de un instante

un tiempo sumergido

en la añoranza.


Soy solo la mitad de un desaliento,

un segundo de adiós

sin decir nada,

un cuerpo desnudándose a la espera

de esos días de lluvia que te pones

como una sombra azul

en la sonrisa.


En los días lluviosos llora el viento,

se le ponen ojeras

a la tarde,

se le mojan los labios al otoño

y una lágrima gris araña el cielo

como lluvia con sed

que somos todos

hasta que alguien nos bebe dulcemente.



Marcelino Sáez García