viernes, 9 de octubre de 2015

LAS NIETAS DE LAS COSTURERAS




A Cristina Morano





Como solo ellos saben hacerlo, nos fueron usurpando cualquier poder.

Con la misma pauta que cuando aprenden a pedirnos la sal con un golpe de mirada seco.

Nos taparon la boca, de nuevo.

Eran los tiempos nuevos, había que plegarse.

Cedimos.

Siempre acabamos cediendo para sostener el equilibrio del Mundo.

Cedimos para que no se fuera todo al carajo.

A su manera, nos castigaron por habernos atrevido a quitarnos el velo.

Nos castigaban por empuñar las palabras como antaño ellos empuñaron las cimitarras.

O las espadas.

O las ballestas.

O el arco.

O la piedra afilada.

Por la noche, Penélope nos leía historias ancestrales.

Nos enseñaba el arte de la costura, la estrategia del paciente.

Mientras nos íbamos limpiando la sangre.

Mientras mirábamos cómo cauterizaban las heridas.

No era para tanto.

Morderse los labios un poco más fuerte y ya.

Era lo primero que nos enseñaban nuestras abuelas.

A cantar mientras cosías.

A cantar mientras llorabas.

A cantar mientras sangrabas.

La Historia de la Humanidad se sostiene por los cantos de las nietas de las costureras.

Si todo esto sigue en pie, al fin y al cabo, es porque nosotras aprendimos a coser.

Por mucho que les duela.

Por mucho que nos duela.


Ángel Gómez