jueves, 28 de abril de 2016

EL CORAZÓN DE LA MANZANA




A Agustín Robla



Recuerdo a mi abuelo,

El sillón de mi abuelo.

Jugábamos juntos a las damas y a la escoba

sobre una mesa de mármol.

Buscábamos en sus vetas las figuras

que otros buscan en las nubes.

A veces nos escapábamos a comprar bolas de anís.

[Toda infancia es una excusa,

Que ancla la madurez al sueño]



Nunca me habló de la guerra.

Demasiado chico decía.

Quiso ser aviador pero le faltó la talla.

Tenía la letra en la sangre,

era maestro

cuando la palabra maestro aún significaba.

Comía media manzana,

le arrancaba el corazón

y el resto

se lo ponía al canario.

Hay que da de comer a la belleza

-decía-

El corazón de la manzana guarda dentro una estrella.

Luego la cortaba en transversal.

Nunca me habló de la guerra.

Le pegaron un tiro en la cabeza,

raspó su carne

con un silbido de muerte.

Vivió para conocernos,

supo ocultar lo innecesario,

supo decir

-La vida es vuestra-


Jorge Ortíz Robla