martes, 29 de noviembre de 2016

PECAR





Rueda un sibilino silencio

por entre los vespertinos murmullos

a la hora mala en que se destraba

el sueño en lo alto del verbo.

Se tensan las cuerdas del llanto

con cuchillo de destemplado grito

que procaz se vuelve orgasmo

en subversivos humedales silentes.

Se tornan cantos los vocablos indigentes

locura fiera la que muerde las palabras

en bocas precisas y ojos renuentes

en los escaparates de la nula conveniencia.

Tras los sayos de la furia se esconde

la tristeza de los amantes sin lágrimas

que niegan decires que vierten disputas

que simulan naufragios de fobias adversas.

Se agolpan despertares incautos al amparo

de los relojes que marcan minutos imprecisos

sobre muros que ocultan inocencias

que pactan juegos en surcos de carne desnuda.

Se elevan a los altares los salvajes verbos

que fingen armonías en labios de pecado.




María de Paz