miércoles, 24 de junio de 2015

Fusilado del 36



Caracoles por la tapia

contra espalda,

proyectil en ira

órbitas.

Miedo en los dedos, en los hombros

en las sienes miedo.

Los segundos enferman, envejecen

pues la sentencia los amamanta.

El invierno se aproxima

mientras las algas adormecen

y el musgo brama a la pólvora

que ahora solo es esquina,

esquina que horada.

Serán mensaje mi bota, sin cordones,

mi peine mellado

la fotografía

en el barro,

mi herrumbrosa navaja.

Mi hijo espera

es la hora de comer

los caracoles por la tapia

y la sangre, la sangre que resbala.



Francisco Carrascal