domingo, 11 de mayo de 2014

Ausencia




Las manos sin tu aliento descansaron

prolongando la tarde adivinada;

mas al alba asustadas preguntaron

si la ausencia de tus ojos duraría.



Mi cuerpo, sin tus besos relajado,

se quedó dormitando en un rincón

soñando con la llama de tu rojos

quemantes como piras encendidas.



Las noches sin tu cuerpo enamorado

a un páramo desierto se asemejan

que esperan impacientes la tormenta

nacida de tus pechos desbordantes.



Mi alma sin tus ojos se envilece

trayendo a la piel de la memoria

recuerdos lacerantes que vagando

rememoran el ansia de dos almas.



Rafael Mérida