la locura me ha arropado con las flores
que la noche ha robado de los cuerdos
marchitadas, deshojadas por pasiones.
Una fotografía en blanco y negro
cargada de historia y de sueños,
dos vidas abrazadas
a un baile de salón eterno.
El, con sus arrugas trabajadas
dejó su cuerpo en la tierra
y su alma en el cielo.
Ella, mujer de inocente mirada
lloraba en las noches vacías
cada lágrima, un recuerdo.
Sonríen, ahí se detuvo el tiempo
mientras la música sonaba
Quiero parecer despierto,
pretendo soñar con los ángeles que anidan tu alma,
lo intento y no puedo,
me niego a cerrar los ojos y perderme tu mirada,
me aferro a la imagen tan pura
virginal melodía que suspiras,
y muero si no beso tu piel,
piel que guarda en cada poro
una palabra vestida de gala,
piel que me da de beber
en cada gota que derrama,
el desaliento de morir en vida
el deseo de vivir mi muerte,
pálida mi mente helada
negra mi echada suerte,
clavaste en mi tu fuego
hielo de rojo esplendor
quemaste mi sangre en vena
quemaste mi corazón,
y quiero gritar en silencio,
quiero acompañar a mi soledad,
y pretendo soñar despierto
engañar a esa estrella tenue
que alumbra mis noches,
como alumbra las del mar,
regálame un trocito de tu tierra
y deja que mis dedos hagan surcos,
voy a labrar este amor con mis manos
y regarlo con tinta que lloré en un pasado,
voz que interrumpe mis más claros sentimientos
voz que grita, que vuela, y se escapa con el viento.
Volverán las arenas
vírgenes del deseo,
a tornar libres
por la orilla de tus besos.
Volverán las enredaderas
a trepar por tu pelo,
floreciendo en tu sonrisa
dulce sabor de caramelo.
Volverá el canto alegre
del frío susurro de tu voz,
retumbara, en el costado
del alma inocente que te ama.
volverá la brisa embustera
disfrazada con tu piel,
abrazando mi sumiso cuerpo
desnudando, mi desnudez.
Volverá,
el verso perdido a mis labios,
tu perfume de pétalos marchitos
inundando cada rincón de mis poros.
Volverá…
La magia del truco mas real.
En las raíces agonizantes
del incorrupto deseo,
se ahogan las palabras
desechadas de los versos.
En las nubes imaginadas
por los ojos del profeta,
duermen confiadas las ánimas
desterradas de la lluvia celestial
que empapa la tierra
de sus ancestros.
En la vereda empedrada
del abismo fértil de unos labios,
reposa la lágrima
mísera del llanto,
trasnochada centinela del amor.
En el páramo
donde se esconden las sombras
y el aire silba
melodías de piel erizada,
tienen su morada
los sueños perennes.
Vestigios de quimeras imposibles.
Francisco Bermejo