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domingo, 27 de febrero de 2011

Pasión





“Entra en mí”, me decías,
la mirada perdida y anhelante.
La piel como si fuera un viento de verano.
El temblor de la carne,
la suavidad caliente de tu aliento
saliendo de los labios.

Era morir en ti, caer rendido,
sin implorar piedad, contra tus pechos.
La vida estaba lejos
y el mundo detenido entre tus piernas.
El placer no existía
más allá del sudor de nuestros cuerpos.

Éramos dioses inventando el paraíso
haciendo nuestros todos los pecados,
dibujando asteroides
en la noche más íntima y sagrada.
No había licor igual a la saliva
de tu boca diciéndome: “Te quiero
dentro de mí. Dámelo todo”.

Qué importa que los días nos deshagan
los cuerpos si ahora mismo
mis dedos te recuerdan y mi carne
revive cada instante, ese temblor
que me dejaba
prisionero de ti. Y en agonía.



Rodolfo Serrano


sábado, 26 de febrero de 2011

Solos



Después de todo, estamos como siempre,
tan solos como el barco
del Holandés Errante,
lo mismo que una tarde de domingo,
igual que un niño
en el primer día de colegio.

Tan solos como siempre y tan vencidos.
Como si fuéramos César frente a Asterix
o Supermán ante la kriptonita,
o don Juan luchando
contra las estatuas
en el cementerio de Sevilla

Estamos ya, mi amor,
en la tercera fase,
cercanos sin siquiera comprendernos,
extraños como estaban
Lauren Bacall y Bogart en la Senda Tenebrosa.

Y, sin embargo -no sé como decirte-
daría la pierna que le falta a John el Largo
por volverte a tener
cuando en los cines
me cogías de la mano dulcemente
cuando Bela Lugosi sonreía
igual que yo al morder tu carne trémula
y beber de tu sangre hasta el delirio.




Rodolfo Serrano


viernes, 25 de febrero de 2011

Carta





Hoy te escribo esta carta y no sé qué decirte.
Tal vez que todavía
tu nombre me palpita
exactamente al lado de la palabra siempre.

O quizás que te echo de menos y me canso
cuando busco tu risa
por calles y relojes,
y parece que todo es como un beso largo.

Que sepas que aún, de noche,
en la alta madrugada,
me viene tu recuerdo, la redondez del pecho,
cuando mi mano
era la más exacta brújula.

Y que no sé si esto es amor o tan sólo
empeñarse en vivir en tu cuerpo y el mío
esa historia pequeña
de los grandes amores.

Por la presente quiero
decirte que los días
transcurren lentamente
y que me siento triste
en viejos aeropuertos y en las nuevas pasiones.

Al recibo de ésta, contéstame con besos
a pagar en destino.
Pero que nunca vuelva
con ese sello triste que ponen en las cartas:
dirección desconocida.



Rodolfo Serrano


jueves, 24 de febrero de 2011

Mujeres esperan, junto a mí, el autobus





Mujeres esperan, junto a mí, el autobús
Hablan de su marido y de sus hijos.
Y dicen: “mi marido” y “mi “Isabel”
o “mi Pedro” con ese
sentido de propiedad que sólo tienen
los que nada poseen salvo la sangre.
Y, luego, también dicen “mi señora”.
Y no dicen “mi casa”. Sólo dicen
“la casa donde estoy” y donde limpian
tres veces por semana.
Cada mañana se juntan y los lunes
hablan de la comida del domingo,
de los nietos
y del marido en paro ya va para tres años.

No cumplen con la ley antitabaco
y devoran, ausentes, cigarrillos y sueños,
y, a veces, reconocen que es un asco la vida
y que les duelen
las piernas y las almas. Y dan gracias
porque, al cabo, hay trabajo y así pueden
tirar con la hipoteca de los hijos.

No entienden de políticas, mas saben
que la vida es difícil y su Pedro
no estudia y nada encuentra.
Y ella le da a escondidas algunos euros todos
los sábados, que el chico
también tiene derecho a salir por las noches.
Y las demás asienten
y luego callan. Piensan
en el día tan largo que las espera ahora.
en esa casa ajena. Hasta que una murmura:
"No sé por qué los pobres
tenemos que limpiar tanta riqueza,
sin que podamos, coño, ni tocarla".
Y ríen todas y dicen: "Es la vida".
Y se dicen adiós hasta mañana.




Rodolfo Serrano


miércoles, 23 de febrero de 2011

Pan





Sube el pan. Ese pan de los pobres,
donde la vida se hace
bocado de los días, el exacto alimento
de los niños, de dios y de los hombres.

Sube el pan. Y dicen los diarios
que apenas unos céntimos.
No saben, sin embargo, que la vida
se mide en las cosas muy pequeñas:
un céntimo de pan, esos milímetros
que me separan de tus labios
o los segundos que dura
la caricia de un niño entre los brazos.

El pan es carne y sangre y es el mundo
molido y horneado,
lo que une las manos y las almas
lo que iguala
a reyes y mendigos. Es la boca
besada y deseada. La palabra
primera que aprendemos contra el hambre.

Hoy sube el pan, amor, y siento, mira,
que vivir y soñar es más difícil.
Tal vez por eso, ahora, mientras tomo
este pan con aceite,
siento un sabor divino que me llena la boca
y pienso en ti, vida mía,
alimento sagrado de todas mis mañanas.




Rodolfo Serrano


martes, 22 de febrero de 2011

No hay explicación






Las cosas –y la vida- nunca tienen
explicación posible. Por ejemplo,
no sabría explicarte
porqué, tras tanto tiempo, todavía
me viene ese recuerdo de tus labios
buscando mi saliva, ni tampoco
qué extraño mecanismo me hace ahora
sentir el mismo tacto que sentía
cuando andaba dibujando
en tu piel versos y cartas.

Estas cosas son –qué quieres que te diga-
lo mismo que el misterio
de tu risa que viene cada noche
a romperme los sueños. Como el aire
de tu paso al llegar, cuando no era
la vida más que la diferencia
de estar o no contigo y el mañana
una bola de nieve
que nunca pasaría del invierno.

Hoy que están mal las cosas
-lo dicen los periódicos-
y que busco refugio
en los días que fueron,
bendigo tu recuerdo que me hace
sentirme afortunado cuando miro
la soledad del hombre, la amargura
de un lunes, el dolor de la niebla
en el niño que espera
que suene el timbre del primer día de cole.

Hoy que veo la tristeza de la mujer del metro,
y me llega y me hiere la angustia de los otros,
no sé si recordarte como eras entonces
o dejar que la vida –y tú que eres la vida-
se me vaya escurriendo
entre los mismos dedos
que algún día lejano fueron dulce herramienta
para construir el mundo,
ese mundo que siempre nos vence y nos derrota..





Rodolfo Serrano


lunes, 21 de febrero de 2011

Vallecas





Recuerdo aquellos días cuando era
un muchacho delgado y muy moreno.
El barro y las chabolas, humedades
en la pared y el pecho. Los domingos
salíamos al baile. Fumábamos Bisonte
sin filtro. Y muchas noches soñábamos
con trabajar en la oficina de algún banco.

Era Vallecas república sin leyes. Viejo canto
libertario sin saber exactamente
ni qué hacer ni siquiera si podíamos
vivir de otra manera que de aquella
que siempre nos pareció maravillosa.

Recuerdo la cerveza al mediodía
en el bar de la calle y las partidas
al mús. Y aquellas broncas.
Las pandillas como
las de West Side Story
Y el autobús cansado cada lunes.
Y las bolsas de plástico en los pies
para que no se mancharan los zapatos.

Y recuerdo también a aquella niña
que me dio su pañuelo y el perfume
que me inundaba cada noche, cuando
soñaba con la tibieza de sus pechos.

Y, además, el dolor, las toses de los niños,
el olor a humedad que te impregnaba
hasta el hueso y la carne. La tristeza
de un horizonte sin luz y sin asfalto.
Y al viejo militante que decía
que este año moriría el viejo dictador.

Los panfletos sembrados en las calles
al despuntar el día. Y el miedo de los hombres,
las mujeres de luto permanente,
y los primeros fríos, las fiebres del abrazo,
cuando era una muchacha territorio,
maravillosa tierra no marcada
en ninguno de los mapas conocidos.

Y todo, todo eso, no ha podido
borrarlo lluvia alguna porque nunca
podrán arrebatarnos la certeza
de que a los quince años
fuimos capaces de ganarnos para siempre
la vida que latía en nuestros cuerpos.




Rodolfo Serrano


domingo, 20 de febrero de 2011

viernes, 14 de diciembre de 2007

Te he buscado

De Rodolfo Serrano: Te he buscado

Te he buscado en mil cuerpos, en todas las caderas

busque el roce de piel, el calor de la carne,

sagrado movimiento de estrellas y planetas.




Amé, si es que se puede amar cuando los dedos

recuerdan otro pecho, otros labios ardiendo,

o los dulces caminos que llevan a tu vientre.




Pero he dejado siempre abiertas las ventanas

desde donde mirar el paisaje y los ríos

que recorren tus piernas y acaban en tu boca.




Por eso me parece que fue ayer, ayer mismo

cuando en la cama ajena conquistábamos mundos

y era un suspiro el aire y la palabra nuestra.




Y no ha pasado el tiempo. Rompí los calendarios.

Paciente y lentamente te he ido construyendo,

con migas del recuerdo y saliva de besos.




A veces me persigue una extraña añoranza:

los años que no tuve tu cabeza en mi pecho,

el amor malgastado buscado en otros cuerpos.

miércoles, 7 de noviembre de 2007

La noche eterna

Poema de Rodolfo Serrano, La noche eterna



Era la noche un vaso de agua en la mesilla,

la lámpara encendida y el sonido del grifo,

algún nombre lejano perdido en la memoria

y la amarga certeza de un adiós susurrado.




Las horas los abismos donde caer sin alas,

donde enterrar promesas de amores consumidos,

amores que volvían después de tantos años

vencidos por la vida y los perros del tiempo.




Miraba tu belleza dormida entre las sábanas,

tus pechos inclinados. Escuchaba el silbido

colándose en tus labios, brisa de cualquier isla

sin robinson ni viernes ni palmera o corales.




Por el cielo pasaban estrellas y naufragios

y las viejas palabras eran como la arena

perdiéndose en tus dedos de aquella playa muerta

en el rincón perdido de la alcoba alquilada.




El deseo es un niño con un juguete nuevo

tal vez sólo el relámpago que anuncia la tormenta

del olvido que habita en espacios de humo

y los besos son nudos que rompe el calendario.




Pero miro esta noche cómo duermes ajena

al miedo y los fantasmas de un abrazo que ha sido.

Y me acerco a tu cuerpo y busco en tus caderas

la eternidad de ahora. Este instante de dicha.

lunes, 24 de septiembre de 2007

La Felicidad

Poema de Rodolfo Serrano, titulado "La Felicidad"



Ahora eres feliz. O eso me cuentas.

Yo no sé si el amor tiene retornos,

o el corazón latidos que no fueron.



Sé que la esperanza es el espejo

en el que uno se afeita la nostalgia

después de haber soñado cualquier noche.



Sé que existen palabras como látigos.

Y caricias con sal en las heridas.

Y que a veces se llora tras un beso.



Sé que un nombre puede ser el paraíso.

Y que hay cuerpos que saben del cansancio.

Y que hay copas malditas que emborrachan.


Y sé que la verdad tiene mil rostros.

Que me dijiste un día: “Soy feliz”

treinta minutos antes de dejarme.

lunes, 30 de julio de 2007

Encuentro

Rodolfo Serrano



Encuentro



Al cruzar el semáforo me ha parecido verte.
Eras una muchacha con pantalones blancos
y carpeta de flores sujeta contra el pecho.
Tenías el cansancio de aquellos viejos días
y el pelo negro y corto y hasta hubiera jurado
que guardabas intactos tus veinticuatro años.
Andabas como entonces. Y hasta estoy convencido
de que seguías teniendo a un lado de tu vientre
la suave cicatriz de aquella apendicitis.
Atocha ya no era el territorio amigo
donde tu y yo explorábamos praderas y desiertos
y vencíamos siempre lo mismo que Alejandro.
Quién sabe cuantos días caben en el olvido.
Sé que el recuerdo tiene alas de mariposa
y es como el negro cuervo de Poe en el alfeizar.
He aprendido adjetivos, fumo mucho, y ya no
lloro con la escena final de Casablanca,
ni releo las cartas que nunca me enviaste.
Te echo tanto de menos que alguna noche incluso
sueño con viejos bares y cócteles de estrellas
cuando tu y yo bebíamos las calles de Madrid.
No he vuelto nunca a verte, aunque a veces me llegue,
como un dulce mordisco, tu nombre en otra boca.
Y recuerde el olor escondido en tu cuello.
El claxon de algún coche te borró en mi memoria.
Y Atocha fue de nuevo un lugar desolado.
Y la muchacha entonces fue una chica cualquiera.