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domingo, 13 de febrero de 2011

MALABARISTAS




Si sólo se perdiera la cabeza,
enamorarse no sería trágico.





Alejandra Sirvent



Tras los abrazos y los besos,
las noches, los hoteles, al volver a encontrarnos
no sabíamos nunca de qué hablar.
Un día me dijiste que yo me aproximaba
a ti como el que intenta recomponer los trozos
de una pequeña ánfora rota.
No hace falta -decías-, soy muy fuerte. Y te tocaba
temiendo aún abrir llagas como cuchillos,
una Alejandra pálida, sorda como un reproche.

No sé de quién quería protegerte.

Han pasado los años y no te he dado nada
salvo palabras, y a veces ni eso.
Quizá esperabas que me enamorase
de ti. Bueno, lo hice,
con un amor que es un secreto a voces:
ruido de ágiles dedos recorriendo el teclado,
pidiendo todo. Me escribiste: ¿Qué quieres de mí?
¿Mi alma, mi mano?
En cierto modo tú fuiste el primero. Y yo asentía,
graznando: todo, todo.

Y me acuerdo de ti y de nuevo estás desnuda
como un pañuelo, y eres libre y morena, una isla nativa,
y tan hermosa que me duele el pecho como si hubiera hecho algo muy malo.
Somos dos novios. Y tú no pudiste
ni quedarte a dormir. La ropa era una cáscara.
Nos tronchamos de risa delante de dos copas.

Ahora tal vez no tenga ni tus correos, ves:
no supe protegerte.

Pero ni los veranos despiadados ni los sórdidos tigres -su horror blanco- tienen parte en lo nuestro.
Somos a un tiempo espectador y mago uno del otro,
y habrá más camas y más copas y
millones de palabras.

Soy un animalito muy doméstico.
Venga, sonríe,
mi chica fuerte.





José Luis Piquero



sábado, 12 de febrero de 2011

ALICIA YA NO VIVE AQUÍ





Se busca a Alicia. Descripción:
pequeño cuerpo, tetas como niños dormidos.
En su culo anidaba nuestra felicidad
y en su cabeza todos los errores.

Se la busca. Yo no sé qué es más cruel:
si sus ojos cerrados en la gran madrugada de canciones,
si su regazo, pulpa democrática sobre la que jadean
-arf arf- perros y viejos.

Dulce Alicia: menuda cabraloca.
Pero yo la he querido, oídme, y ella a mí un poco menos.
Me llevaba cogido de la polla por el pasillo, igual
que una nanny perversa a un niño lujurioso,
y yo feliz, feliz.

La sucia colegiala ha arrojado los libros
y ha salido corriendo. ¡Dios, cómo corría!
Lo que es por mí no la atraparán nunca.

Alicia, en ti he dejado mis huellas dactilares:
¡ponedme las esposas! El guardián
se ha vuelto loco y ella ríe, ríe.
A tu salud cualquiera se emborracha lo menos una vez,
y eso que no eres buena, y qué más da.

Se busca a Alicia. Descripción:
la curva de su espalda un cristal empañado,
piernas que tienen maña para oprimir el mundo así y así.
Su precio, lo que lleves
en los bolsillos.







José Luis Piquero


viernes, 11 de febrero de 2011

RAQUEL







Raquel, ¿qué te ha pasado
por la cabeza? Puede
que una de esas canciones de niños, tralará,
o quizá algo que no dijiste a tiempo
y que ahora no recuerdas.
Cosas que ponen triste. La tristeza,
la Puta,
se te ha prendido en las mejillas
como una araña.

Yo prefiero pensar en ti bailando,
en mi casa, no hace mucho de eso, y te aseguro
que tu sonrisa era la más bonita de la tierra.
Parecías un vaso o una fruta
hacia los que se alarga lentamente la mano:
algo para aprenderse de memoria.
Y sin embargo aquel no era tu sitio, ahora lo sé,
en esa desdichada felicidad de quienes lo dan todo y nunca hacen preguntas.
Raquel, eras un ángel que follaba y bailaba y bebía cerveza,
pero los hombres nunca
te han tratado muy bien.

Lámete esas heridas, nenita, cógeme el teléfono.
El veneno del mundo te ha mojado los labios.
Sé sencilla.
Todos los hombres te desean pero
qué flores tan extrañas, ¿no es verdad?

Tú y yo sabemos tres o cuatro cosas
que dan para vivir
y nunca cometimos el error de acostarnos.
Raquel, quédate quieta entre las flores
e intenta ser feliz. Lo que hacen todos.







José Luis Piquero


jueves, 10 de febrero de 2011

CUATRO







Haz el amor con todo lo que sabes.

Jaime Sabines




Esta noche los cuatro
nos damos libremente, como obsequios.
Ya no somos parejas y formamos
un círculo perfecto.

Un placer sin palabras,
algo así como un juego de calor,
mas con las mismas mañas
del amor entre dos.

Y el latido de manos y de bocas
con su idioma de sed:
en cada piel absorta que se posan
tocan un corazón bajo la piel.

Sobre este cuarto ha descendido el mundo,
la luz intacta de la vida breve
envolviéndonos juntos
mientras la noche afuera dura y llueve.

No volveré a estar solo.
Después de haber amado así, la muerte
no me tendrá del todo.





José Luis Piquero


miércoles, 9 de febrero de 2011

FRÁGIL







No es nada: sombras.
Debes haber soñado.

No eres la niña desaparecida,
las ondas en el agua.

Tus células, lamidas por el dios, de pronto ignoran
su idioma: la sinapsis. ¿Qué es ese balbuceo?
¡No lo escuches!

Flotabas mansamente en tu sopa nutricia
y tu fragilidad hacía llorar.
¿Quién hubiera previsto esta sed de venenos? No hay antídoto
que pueda devolverte la inocencia.
En ti se están cebando los insectos,
sucia de hojas, enterrada viva.

Y aquí estoy yo diciéndote que no te pasa nada, conteniendo
tu vagido de niña que acaba de nacer.
Oh, enemigo:
podría ser el ángel que te salvara si supiera cómo.

Poco a poco el sosiego: la mudez
y este cansancio atónito como si hubieras muerto de un orgasmo de pánico.
En tu cuerpo, donde el lorazepam
ha dejado su rastro con dulces lametones,
la vida sigue ahora su curso inexorable.

Has estado muy lejos. Vuelve a ti.







José Luis Piquero


martes, 8 de febrero de 2011

WAKEFIELD







¿Estás ahí? La casa te ha expulsado
de nosotros, igual que un estornudo.
Si cruzara la puerta ¿dónde te encontraría?
A lo mejor estás en el jardín,
sonando como el agua. Si cerrara los ojos
¿sabré escuchar lo que no ven los ojos?
El roce del vestido, el corazón latiendo,
la intemperie.

Estás pero no estás.
Eres la parte más densa del aire cuando se hace de noche
y muevo en ti los brazos para no dar contigo,
cáscara de la casa.
Las ventanas
no conocen tu busto, y llueve, llueve.

La soledad es eso:
el hilo de la araña que va estrechando el mundo.
La puerta está cerrada como un féretro
y la luz encendida.







José Luis Piquero


lunes, 7 de febrero de 2011

ENTREVISTA CON EL GOLEM







¿Razón de ser? No lo he pensado mucho.
Ha de haber algo más que estas tareas
mecánicas: la casa
la hago en un plis-plás.
Los poemas, tal vez. Se me desprenden
como costras de barro.
Por algo tengo siempre la palabra en la boca,
pero no estoy seguro de ser culpable de ellos.
Hay una voz. El alma es un asunto
sobre el que no nos hemos puesto de acuerdo aún.

Mi infancia... Siempre digo que la tuve,
contra toda evidencia.
Me acuerdo de un cachorro junto a un estanque.
Lo tenía en las manos, hacía sol y las hojas
olían como libros. No sé qué pasó luego.
El agua estaba pálida.

No, no estoy triste, siga.

Ah, eso... Me resulta muy penoso.
Uno desea dar amor y no mide sus fuerzas.
De pronto te despiertas y oyes llorar y te miras las manos
y después huyes, huyes.
Todos nos refugiamos en los otros, como alegres tumores,
estirando los brazos, rompiendo cosas,
esperando el castigo.

¡Qué pregunta! Nunca he matado a nadie.
Pero calle. Esas voces, los poemas... No quiero escuchar más.
Tal vez un día
alguien se atreverá a quitarme la máscara, a taparme la boca,
y habré de rendir cuentas pero
ya nunca volveré a estar tan cansado.

¿Que si doy miedo? Bueno.
Esa es mi obligación.







José Luis Piquero


domingo, 6 de febrero de 2011

jueves, 6 de diciembre de 2007

Por qué no escribo poesía (José Luis Piquero)

Buena pregunta. Me la hacen a menudo mis amigos, mi editor, mi mujer, algunos lectores… En realidad sí la escribo -contesto- pero a mi propio ritmo. Ellos me recuerdan los cinco libros de X, los siete libros de Y, los quince de Z (estos últimos, en sólo tres años), frente a mis tres libros en dieciocho años. Yo ahí hago notar que son cuatro, si contamos como el cuarto mi poesía reunida. OK, no cuela.
No tiene que colar. En realidad, escribo demasiado. La mayoría de mis compañeros escriben demasiado. Unos pocos han caído en la trampa del oficio y de la plantilla, que permite escribir sin límite el mismo poema, con mínimas variantes, plagiándose a uno mismo, hasta la extenuación. Me pregunto si todos esos poemas eran necesarios. Otros escriben mucho o poco pero han eludido esa trampa. Y yo les necesito. Necesito sus poemas tanto o más que los míos.
Permitidme la presunción: en veinte años de escritura he adquirido el oficio suficiente para haber publicado en la última década dos o tres libros correctos. Pero ¿por qué iba a hacerlo? Hay muy pocos poemas que necesite escribir, muy pocos. A veces pasan meses sin que ninguno de ellos se me imponga. Pero sólo quiero escribir precisamente esos. Ni siquiera digo que sean buenos. Pero tengo que necesitarlos, tiene que serme imprescindible escribirlos. Y si eso supone tardar diez años en publicar un libro, pues qué le vamos a hacer.
Vivir en poeta, si tal cosa existe, es algo que hago 365 días al año, aunque sólo dedique unos pocos a escribir poemas. La escritura no es el hecho físico, ni siquiera son sus resultados. La escritura es un proceso, una construcción que te impone sus propias normas. Una búsqueda a ciegas en la que cada uno encuentra lo que puede y escoge entre lo que encuentra. Y el resultado son veinte poemas, dos poemas, ninguno… Creo firmemente que lo más importante de la escritura es lo que sucede antes de sentarse a escribir y después, independientemente de las líneas que hayan quedado sobre el papel. La poesía es la mirada, la sensación, el hallazgo, no los versos.
Hoy, después de un mes de trabajo, he terminado un poema. La sensación es de vacío y de zozobra. Ahora necesito olvidar lo que he escrito para poder volver a leerlo con ojos nuevos y que en el hallazgo (quizá sólo importante para mí) siga encontrando cosas. Porque un poema no es un fin sino un medio. Son unas gafas para ver. Es una carta con el sobre cerrado, que aún no hemos leído, y sospechamos que su contenido nos va a trastornar. Y entonces lo tememos.
Me he escrito una carta. No sé lo que pone. Me inquieta..


Tomado tal cual del blog de José Luis Piquero

jueves, 9 de agosto de 2007

Cuatro

José Luis Piquero



Cuatro

Haz el amor con todo lo que sabes
Jaime Sabines




Esta noche los cuatro
nos damos libremente, como obsequios.
Ya no somos parejas y formamos
un círculo perfecto.

Un placer sin palabras,
algo así como un juego de calor,
mas con las mismas mañas
del amor entre dos.

Y el latido de manos y de bocas
con su idioma de sed:
en cada piel absorta que se posan
tocan un corazón bajo la piel.

Sobre este cuarto ha descendido el mundo,
la luz intacta de la vida breve
envolviéndonos juntos
mientras la noche afuera dura y llueve.

No volveré a estar solo.
Después de haber amado así, la muerte
no me tendrá del todo.



En el libro Los chicos están bien
Poesía última
Edición de Manuel Vilas

martes, 29 de mayo de 2007

Fe de vida

José Luis Piquero en su libro Autopsia, Poesía 1989-2004


FE DE VIDA

Pasé, como viento en la noche, desconocido y solo

J.L.García Martín


La vida no fue nunca generosa conmigo:
no conseguí fortuna ni reconocimiento
ni merecí el calor de una mujer.
Caminé por el mundo desconocido y solo,
como quien se ha perdido en una mala noche.
El sueño que dormí
se llamaba Cansancio. Nadie supo mi nombre.

Un día desperté y ya estaba muerto.