miércoles, 6 de octubre de 2010

Lavadora



Gira la longitud de mi blue jeans.
Miro la diligencia de la máquina
que remueve el abrazo de la tela,
sus dedos del botón
y me deja la prenda sin memoria,
con un olor a Purex en el sitio del sexo
y ese pH neutro en los vestigios.



Silvia Castro Méndez


martes, 5 de octubre de 2010

Parte inmediato de los hechos



De pronto el estallido
y un instante convulso entre los cuellos.
Opacidad de brújulas.
El sudor de los gritos mojando las esquinas.

Gentes que diluvian
y cargan
en las cejas
muerte sin puntos suspensivos.

Unos hombres dividen
las alforjas de penas para todos.
Y al envés de las partes
el temor abre un surco de eclipse
en las aceras.

Las preguntas se mecen atadas a sus púas.
Falta Luisa.
Hay un olor a nunca entre los rieles.

(Madrid, 11 de marzo, 2004)



Silvia Castro Méndez


lunes, 4 de octubre de 2010

Nadie nos dice




Nadie nos dice
(Negativo de un poema de Blanca Varela)

a Alejandra Pizarnik, in memoriam



Nadie nos dice cómo
tirar la cara sobre el mundo
y
vivir sencillamente
así como lo hace el perro de la calle
que busca en el fondo los mendrugos
y relame sus belfos
como quien va a un festín
sobre el desvencijado acento
de sus patas

solo en el homo sapiens
hay ejemplos de un proceder contrario
(de soberbia quizás me tilden las marsopas)
detener el curso
inclinarse
a escupir lo ya vivido
reflejarse en el filo del metal
y darse muerte
sencillamente
darse muerte



Silvia Castro Méndez


domingo, 3 de octubre de 2010

Semana de Silvia Castro Méndez



Nueve fugaces estrellas




Nueve fugaces estrellas derraman efluvios
ante la premura de la noche que declina.
La cigüeña remonta el azogue
y golpea en su ritmo,
cual obelisco que penetra distancias.
Gravitan en derredor los ortos fúlgidos.
Paisaje sonoro en el frío azul de la rosa.
Único hálito que atenaza los sentidos
donde el sinuoso círculo
revierte en luz amanecida.
Mañana suspendida en vertiginoso éxtasis.
Río y ribera ensanchan y oprimen el segundo.
Un copa de Viña Ardanza
ensalza el pasmo de la libertad.
Sueño de la más alta pasión
en eterno abrazo de arriesgado sentir.
Ancestral fuerza
en arcana señal de los dioses.
Distante,
exenta queda la rosa.
Dédalo que inunda
pentagramas y miradas.
Atenaza el pálpito de la pupila.



Enrique Villagrasa


sábado, 2 de octubre de 2010

La palabra es un vicio solitario




La palabra es un vicio solitario
y se manifiesta en minúsculas
partículas de brisa.
El vidente niega y no reconoce el gesto:
Sílabas. Tras ellas, vacío.
De nuevo, el trueno de la mañana volvió
y alumbró el verbo.
El tintero vacío da cuenta de sus miedos.
La claridad entre las manos se filtra.
El papel amarillo de sus sueños da razón.
Ha germinado el desengaño.
La tristeza empaña los cristales de la tarde.
El recuerdo golpea insistentemente.
Sobre la mesa azul
el dolor camina a sus anchas;
y el crepúsculo revolotea entre los papeles.
Mientras, el polen de los cerezos cae gracioso
en los hombros de los amantes.
Es mayo.
Entrada anda la noche en quietud clandestina.
la primavera es llanto de ausencia
y de voces sin sombra anda coronada.
Trae versos en lágrimas de jade.



Enrique Villagrasa


viernes, 1 de octubre de 2010

Pero, quién puede sellar tus labios...




Pero, quién puede sellar tus labios memoria,
quién confortar la cadencia del adiós.
Y quién cincela la blanca herida.
Dos ojos incandescentes acarician mudos labios
y devoran las entrañas del pubis.
Abrazan indolentes el momento.
Son partícipes del candente secreto.
Se ha traspasado el doble espejo y su plural eco
en el bogar por la cresta de las olas.
Rasgaron el día los versos,
no sabían de ecos
y en su amor por lo clandestino
vieron declinar septiembre: gris y frío.
La mirada desgarrada por la palabra
caminó lenta y le hizo un quiebro al azahar.
Y posó desnuda en la tarde.
Desafió su máscara.
Se sintió fuerte con el cierzo
y en su afán fue destino y belleza.
Paciente se dejó mecer
y los recuerdos oscilaron en sus dedos.
Fue su última pasión.
La caricia, fulgor de un sueño.



Enrique Villagrasa