miércoles, 30 de junio de 2010
ESPERANZA
Estaremos…
sabremos mantenernos desprovistos de esencias,
tornar como nunca a la piedad descrita en nuestros actos;
sabremos, tan humildes como quisimos ser antaño,
soñar arcanos celestes,
ciertas luces unidas a un mismo propósito.
No sabremos de destinos,
habrá pasos distantes, lejanos…
habrá presagios de encantos
y seguiremos sin plaza donde poder celebrar lo andado.
Ganaremos tiempo y se rasgarán los rostros.
Buscaremos brazos que prolonguen los nuestros,
abrazos que nos lleven más allá del desconcierto.
El consuelo está en la lentitud del desahogo,
nuestra angustia:
la fragilidad de(l) ser amado.
Rafael Saravia
martes, 29 de junio de 2010
HASTA QUE LLEGUE EL INVIERNO
1
Aquí comienza la travesía,
en un verano que no te alcanza en intensidad
y en un lugar
que apenas insiste en cobrar importancia.
2
Mis piernas
adquieren la incertidumbre del roce.
Tal vez haya vida antes de nuestro intento;
tal vez las ganas sólo sean ganas
y la piel excusa de piel.
Rafael Saravia
lunes, 28 de junio de 2010
EL JINETE AZUL
A Manuel Díez Rollán
Hay destrezas en la mirada del que cabalga;
un delirio de color retorcido en el azul
y una profunda dicción de lo inmortal.
Hay doctrina y tierra viva
en este atrapador de sueños.
Son reliquias fugaces
las que adiestran el trazo,
las que en impulso efímero
orbitan las premisas del pintor.
La sangre,
el decorado noctámbulo del que monta antílopes,
la exquisitez del hombre que atrapó la retina
de Fassbinder y Dalí
en sobregotas de tintura ecléctica .
Conservamos la huella,
la factura del jinete
que alimenta el ojo del tiempo pasante,
conservamos, amigo Rollán,
tu recuerdo ahorcado en las salas del mirar.
Rafael Saravia
domingo, 27 de junio de 2010
HOSPITALIDAD
La risa huele a raíz y a cielo despejado,
sabe todo lo que saben las luciérnagas.
La risa hace volar las cometas graves
del sueño en voz alta, desmandadas.
La risa es una comarca sin gobierno,
un barco cuya tripulación es el olvido.
Hay lugares sin daño. Allí
somos grumetes de barcos de papel
que construimos en la infancia.
Allí se verifica que el mundo
tiene dimensiones de verano,
el mismo tacto que la música.
En una casa enorme con todas
las puertas abiertas hubo
una pausa, una paz, un acuerdo,
un manojo de alegrías juntas.
Fuimos todos entonces madera
del mismo árbol que nadie,
nunca, conseguiría talar.
David Eloy Rodríguez
sábado, 26 de junio de 2010
CONSEJOS
CONSEJOS
No te confíes al pulso
de un cirujano epiléptico;
no rellenes el formulario de la libertad;
no cuelgues tu soledad acuática
en sus cables eléctricos.
No te sientas ajeno o inmune:
aunque no entiendas de electricidad
puedes electrocutarte.
No acudas a sus ceremonias,
no cedas, no te rindas,
no te mueras.
No seas alfiler contra los tuyos,
ni bota negra,
ni bolsa de supermercado.
No hieras en el camino:
muestra la rosa,
no las espinas.
No te tomes demasiado en serio.
Viaja mejor sin guía:
la vida es juego sin instrucciones.
Y sobre todo no sigas consejos:
todos los consejos
son inútiles, pérdidas de tiempo,
mentiras.
David Eloy Rodríguez
viernes, 25 de junio de 2010
LA TRAICIÓN DE LOS GALLOS DEL AMANECER
Hay tramas que se tejen con hilos de pureza
salvaje, hay pactos que atraviesan el dolor,
hay cuerpos más importantes que la vida, pero
no, no hay conjuro que detenga el amanecer.
Aún así los amantes se acogen a los últimos
jirones de la noche, elevan frente al alba
la estatura de sus súplicas. Mirad:
merecerían que nunca rompiera la aurora.
Ella se vierte desde el vestido consumida
por la belleza, habla en un delicado código
de evasión y lluvias. Él quiere aprenderla
con diez labios, conocer para siempre la savia
del prodigio. Desean que todo sea encuentro:
rehuyen la obediencia (allá los obedientes:
ellos también tendrán desasosiego) y pugnan
por volverse la misma cosa: noche en la noche,
agua en la corriente, puzzle de una sola pieza.
Se dicen: no nos moveremos nunca de aquí.
Se dicen: nuestros cuerpos no se evaporarán.
Se dicen otras palabras sin putrefacción,
recién nacidas, sanadoras, susurros como
un delirio o un sueño. Pero no, no hay excepciones,
no hay conjuro que detenga el amanecer,
sus agujas de nieve. Ellos son en esta hora
los más osados de entre los combatientes,
los más hermosos caídos en la sublevación.
David Eloy Rodríguez
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