miércoles, 12 de febrero de 2014
ÓCULO
Te ocultas detrás
de un árbol gigante,
mientras hunde la noche
medialuna en mi pecho.
Y si después, amor mío, amaneces,
en parte alguna te hallo.
Continúa en mis ojos,
hondamente grabada,
redonda arquitectura
de encendidos metales,
blanca constelación suspendida de un cielo oscurísimo.
Rafael Lobarte
martes, 11 de febrero de 2014
CAPELLAE
I
No muy lejos de aquí
el heráldico árbol de la muerte,
los ojos pardos en la sala oscura,
el Cristo pastoril,
la colina que oculta siglos de oro
y el hermoso muchacho.
No muy lejos de aquí el agua que llena las aljabas
de los cazadores. Pues nada
podría serme comprensible,
girando alrededor de los círculos diáfanos
con un haz de idénticas imágenes
una vez ya proyectadas.
Apuntemos con esa flecha estéril
adonde no excaven la tierra
húmeda y pingüe,
densificada en tus dedos,
los cerdosos jabalíes.
Mi identificación
contigo es pura apariencia,
pues yo conservo también un arco
aquí, en la mirada. Sólo importan
las cosas que aprendimos a medias,
el canto de un pájaro o mi propio canto,
y el silencio
y la neblina que los edificios
aureola sutilmente.
Tú has de moverte en torno a mí
para así cantarte cuando yo me canto.
Pan sonaba por los montes,
herido amor
en los incognoscibles adentros refugiado
de la abierta boca.
Sal de allí de una vez por todas:
ya estoy a salvo, fuera.
Algas idénticas a cuerpos,
el dulce vello de los cuerpos;
fueron aquellos quince años, ¡ay!, inolvidables:
el adolescente impetuoso
cuya blanca y firme dentadura
muerde a la ligera muchacha
un tanto huera y mortecina,
y sus planes emplazados
para un futuro próximo.
Todo debe ser borrado,
ondea la señal por el aire espeso
de construcciones pardas de ceniza:
la colina que oculta siglos de oro,
Astrea, ¡oh virgen!
La fuente puede dar todavía agua,
un instante vivido
para el andamiaje del recuerdo,
para que la vida aliente
en la mutabilidad
de tus facciones.
Más a punto cada día,
terminarás por extraviarte.
Y ahora, decidme, ¿dónde empiezo?
Ya el ciclo de las estaciones
se va cumpliendo riguroso,
ya golpea en mis sienes
la sombra del enebro.
Ite domum saturae, venit Hesperus, ite capellae.
II
Claro que, al final, todo queda ensombrecido.
Ahora pues, situémonos: llanuras
inconmensurables, estrías
ascendentes de la vid,
verde enredadera.
Un blanco mantel recrea
mi visión del mundo,
porque todo está dispuesto,
el alimento
y, después, el descanso
sobre un lecho de oro.
Seguro que no habéis contado con el brillo
de las constelaciones
y el perfume de las rosas
marchitas que rodean el estanque de agua.
Dios está con vosotros
y con vuestros hijos,
sobre la escarpada colina esgrimiendo
el rayo de fuego.
Cuando sobrevenga el alba,
reflexionaremos
sobre la mejor manera
de pasar el nuevo día
y los atardeceres.
Tú estás conmigo y no tengo
absolutamente nada
que decirte. Sí, podríamos
besar nuestros cuerpos
y después, fatigados,
pensar en tanta muerte que soportan,
indiscutiblemente, todos los que han muerto.
Las líneas observa de mis manos,
no estamos lejos ya
de un pequeño desenlace.
III
El número tres anda siempre en la locura,
lleva a cabo una síntesis extraña.
Es bueno dejar
que la marea te arrastre
sin demasiada convicción
ante sus determinaciones
futuras. Voy por una misma senda
reticentemente, en la superficie
de las cosas encuentro
el único bálsamo para mi deseo.
La descarga onerosa de las viejas tormentas
no puede molestarnos.
Estás aquí y ahora.
Pan brincaba por montes y selvas
y Baco le seguía.
No muy lejos de aquí
disparaban sus flechas los muchachos
hacia un punto de azul.
Enmarquemos el dulce ensueño
repleto de presagios:
las enlutadas madres de las guerras
y, ella, hermosísima, lloraba por la muerte
de su tierno amante.
Cercana está la primavera,
allí los contumaces jabalíes
no excavarán la tierra enrojecida,
y pingüe y húmeda
se os ofrecerá aún de nuevo.
He lives, he wakes - 'tis Death is dead, not he.
Rafael Lobarte
lunes, 10 de febrero de 2014
UJI
Un día del pasado,
caluroso y húmedo septiembre,
partimos desde Osaka, rumbo a Kioto,
en un tren japonés raudo y preciso,
y desde Kioto a Uji,
en donde suele desplegar el vuelo
secundado por músicas apsaras,
el Byodo-in, fénix deslumbrante
-aunque, enjaulado y ciego,
en aquella ocasión hurtara a nuestra vista
su trémulo cristal-,
longeva grulla entre perennes pinos;
y en donde, junto al río turbulento
y desbordado -ahora igual que entonces-,
tras arrostrar valientemente yermos
soles y asperezas,
Kaoru conoció a las melifluas hijas
del buen príncipe Hachi
tras el kichó: a Oigimi y a Naka no Kimi,
a Ukifune después;
Kaoru, el bello y bienoliente vástago
del triste Kashiwagi
y de aquella princesa, que aunque boba,
supo engañar al luminoso Genji,
el viejo burlador al fin burlado.
Y allí escuchó aquel koto incomparable,
y allí entrevió una forma cegadora,
y allí surgió un amor,
acaso más patético que trágico,
pero, con todo, amor.
Fue doloroso comprender un día,
que se habían quedado
atrás, sin haber hecho
nada para impedirlo por tu parte,
las pocas ocasiones
que el tiempo te brindara
de ser feliz; curioso que ni aun eso
en realidad ya importe.
Rafael Lobarte
domingo, 9 de febrero de 2014
Amaneceres
Hoy he despertado curiosa
con las manos llenas
de necesidades exploratorias
vestida de deseo desbocado de una lengua
(la tuya)
enredando mi boca
invitándola a pecar entre tus piernas
a descubrir que comerte
es reafirmar que estoy viva
Yo quiero
acabarme contigo
¿Vienes?
Tania Evans
sábado, 8 de febrero de 2014
Indomable (I)
El alma se libera de vacíos cuando te acercas
No existió infancia
ni legado
Me fue negado el recorrido
y yo, que no suelo acatar órdenes
me salté mi norma
Hay tantos recuerdos
carentes de paisajes
que pensé
que tal vez vos
puedas encender una cerilla
en medio de la noche
Te propongo un trato a lo Benedetti
Déjame contar contigo
asirme a tu lomo indomable
sentir tu galopar sereno entre mis piernas
que el destino sea lo de menos
si tu boca me habla
si tu lengua me cuenta
que pasaba en las casas en mitad de la noche
qué llovía en ese océano de falsa calma
Dime que puedo contar con vos
para mostrarme la vida
que se me escapó de las manos
cuando mis pies me pusieron a salvo
Te espero latiendo, llena de hojas en blanco.
Tania Evans
viernes, 7 de febrero de 2014
Poderosamente vulnerable
Me descubro sonriendo de medio lado tras pensarte
Tú no lo sabes
pero yo si se
todo lo que ese pequeño gesto esconde
Cuando a mi órgano bomba le da por hacer horas extras
así, sin venir a cuento
inyectando fuerza y borrando el cansancio
Cuando la noche es un regalo que me acerca a tu cama
aunque sea solo a través de palabras que cierran el día
abriendo la posibilidad de ser uno mismo desnudo, por fin, de teorías
Cuando solo pienso en las ganas que tengo de sentir
el roce despistado de tus dedos mientras caminas
Cuando tengo que darle un segundo tras otro la razón a Einstein
porque los días que faltan para volver a verte,
se alargan desde que descubrí que tú, también, me miras
que en algún sueño nos pusimos de acuerdo
para despertarnos mutuamente
para sacudirnos por un tiempo indefinido o limitado, no importa
la soledad tan llena de gente murmurando
para llenarnos de gritos al cielo
para enredar las sábanas y devorar las ganas
para que me desvistas de sombras
y con tus besos
dulces
me cubras de luz.
Porque me siento poderosa cuando te hago temblar
al confesarte todo lo que te haría “si tú me dejaras”
Porque me siento vulnerable ante tu cariño que me desarma
Recógeme entre tus brazos
prometo aferrarme a tus piernas
cabalgar contigo
devolverte con intereses el oxígeno que te robe en cada beso
recuperar tu sonrisa
la de verdad
esa que duele cuando te la arrebatan
Pero sobre todo
prometo ser yo aunque te asustes
es bello sentirse frágil de vez en cuando
como me siento yo misma desde que sé
que tú
también me miras.
Tania Evans
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